{"id":9322,"date":"2026-08-17T02:22:13","date_gmt":"2026-08-17T02:22:13","guid":{"rendered":"https:\/\/cedins.org\/?p=9322"},"modified":"2026-08-17T02:22:14","modified_gmt":"2026-08-17T02:22:14","slug":"auto-organizacion-popular-frente-al-caos-y-la-catastrofe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cedins.org\/index.php\/2026\/08\/17\/auto-organizacion-popular-frente-al-caos-y-la-catastrofe\/","title":{"rendered":"Auto organizaci\u00f3n popular frente al caos y la cat\u00e1strofe"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"378\" height=\"347\" src=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/terremoto.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-9327\" style=\"width:546px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/terremoto.png 378w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/terremoto-300x275.png 300w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/terremoto-205x188.png 205w\" sizes=\"(max-width: 378px) 100vw, 378px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f2c25e05933178b186a1f08427c9ee4 wp-block-paragraph\"><strong>Equipo CEDINS<\/strong><br><br>La cruda realidad de estos d\u00edas destruye el mito de que los desastres sacan lo peor de la humanidad. La angustia por ayudar es palpable y no se limita a quienes est\u00e1n alrededor de los escombros: atraviesa a todo el pa\u00eds. Al mismo tiempo, las cat\u00e1strofes hacen visibles nuestros propios l\u00edmites y muestran cu\u00e1nto necesitamos fortalecer nuestras capacidades para responder de manera organizada, solidaria y eficaz. <br><br>Este es un momento para reflexionar sobre c\u00f3mo enfrentar unas cat\u00e1strofes que, incluso si ma\u00f1ana logr\u00e1ramos derrotar al capitalismo, probablemente seguir\u00e1n aumentando como consecuencia de los niveles de destrucci\u00f3n ambiental, territorial y social ya alcanzados. La pregunta, entonces, no es solamente c\u00f3mo responder a una emergencia concreta, sino c\u00f3mo debe prepararse y actuar la organizaci\u00f3n popular ante ella, retomando la idea que desarrollan los autores del libro <em><strong>Esperanza contra toda esperanza: escritos sobre la crisis ecol\u00f3gica<\/strong><\/em>.*  Los numerosos ejemplos que recoge el libro muestran que, frente a una cat\u00e1strofe, la solidaridad espont\u00e1nea suele aparecer como una de las primeras respuestas ante la par\u00e1lisis o insuficiencia estatal. Cuando ocurren inundaciones, huracanes, incendios o terremotos, las personas no necesariamente entran en p\u00e1nico ni se convierten en una masa salvaje; por el contrario, la reacci\u00f3n inicial de muchas comunidades es la autoorganizaci\u00f3n, la empat\u00eda y el apoyo mutuo. <br><br>Mientras los gobiernos pueden tardar en responder de manera efectiva debido a la burocracia, a la falta de preparaci\u00f3n o a decisiones pol\u00edticas que priorizan otras necesidades, la poblaci\u00f3n local asume tareas de rescate, distribuci\u00f3n de alimentos, atenci\u00f3n de salud y organizaci\u00f3n de refugios. Sin embargo, no se trata de idealizar estas respuestas ni de afirmar que las reglas del mercado desaparecen durante las crisis. M\u00e1s bien, aquellas se tensionan y toman distintas v\u00edas: mientras el mercado puede convertir el desastre en una nueva fuente de acumulaci\u00f3n, valorizando determinadas mercanc\u00edas, servicios y necesidades urgentes, las pr\u00e1cticas comunitarias populares tienden a colocar en el centro el valor de uso y la satisfacci\u00f3n de necesidades concretas. <br><br>En una emergencia extrema puede aparecer una disposici\u00f3n a compartir herramientas, alimentos, espacios, transporte y otros recursos en funci\u00f3n de la necesidad y no exclusivamente de la capacidad de pago. Precisamente por eso, estas pr\u00e1cticas pueden resultar profundamente subversivas para el orden existente: una distribuci\u00f3n gratuita o basada en las necesidades de herramientas, agua, alimentos y otros insumos vitales, acompa\u00f1ada posteriormente por mecanismos de compensaci\u00f3n a quienes aporten bienes, podr\u00eda resolver problemas inmediatos de manera mucho m\u00e1s sencilla, pero tambi\u00e9n pondr\u00eda en cuesti\u00f3n la centralidad de la propiedad privada y la l\u00f3gica de valorizaci\u00f3n capitalista. El desastre, en este sentido, deja al descubierto una tensi\u00f3n entre distintas formas de organizar la vida: de un lado, la mercantilizaci\u00f3n de la emergencia y la defensa de la propiedad; del otro, la cooperaci\u00f3n, el valor de uso y la satisfacci\u00f3n colectiva de necesidades. <br><br>En esa tensi\u00f3n tambi\u00e9n sale a flote la estructura de clase y el peso de los intereses de los grupos econ\u00f3micos. No todas las personas son atendidas de la misma manera, ni todas las instituciones responden con las mismas prioridades: las decisiones sobre qu\u00e9 territorios se protegen, qu\u00e9 poblaciones reciben primero los recursos, qu\u00e9 bienes se consideran estrat\u00e9gicos y qu\u00e9 actividades econ\u00f3micas deben restablecerse revelan relaciones de poder preexistentes. La cat\u00e1strofe no elimina esas relaciones; puede hacerlas m\u00e1s visibles y, en determinados casos, profundizarlas. Por eso la autoorganizaci\u00f3n popular puede funcionar como un laboratorio en el que se ensayan formas de cooperaci\u00f3n capaces de anticipar una sociedad comunitaria y libre, al mismo tiempo que se enfrentan las desigualdades y jerarqu\u00edas que atraviesan la respuesta a la emergencia. <br><br>Frente a estas formas de organizaci\u00f3n, los gobiernos y las clases dominantes suelen agitar el temor de que la poblaci\u00f3n civil se convierta en una masa violenta y saqueadora. Desde esta perspectiva, la securitizaci\u00f3n de los desastres adquiere una importancia central: la respuesta puede orientarse hacia la militarizaci\u00f3n de la ayuda, el control policial y militar del territorio y la protecci\u00f3n de la propiedad privada, mientras las acciones de supervivencia popular pueden ser criminalizadas. <br><br>Las fuerzas militares de distintos pa\u00edses han desarrollado capacidades espec\u00edficas para intervenir en escenarios de desastre, y esto plantea una cuesti\u00f3n pol\u00edtica fundamental: \u00bfqui\u00e9n controla la Naturaleza, el territorio y las decisiones durante una emergencia? No se trata de negar que existan riesgos reales ni que determinadas intervenciones requieran conocimientos especializados. La acci\u00f3n de personas sin preparaci\u00f3n puede ser peligrosa y puede poner en riesgo tanto a quienes ayudan como a quienes necesitan ser rescatados. Precisamente por eso, la respuesta no deber\u00eda consistir en expulsar a quienes quieren participar, sino en construir capacidades previamente: formarse, adquirir conocimientos b\u00e1sicos de primeros auxilios, rescate, log\u00edstica, comunicaciones, alimentaci\u00f3n y gesti\u00f3n de refugios, establecer protocolos y estructuras organizativas y, cuando ocurra la emergencia, permitir que quienes poseen conocimientos especializados asuman las tareas que requieren experiencia, mientras quienes no tienen especializaci\u00f3n puedan aportar en labores organizadas y seguras. <br><br>La preparaci\u00f3n popular es, por tanto, una condici\u00f3n para que la solidaridad espont\u00e1nea pueda convertirse en una fuerza efectiva y no dependa exclusivamente de la improvisaci\u00f3n. <br><br>Los ejemplos mencionados en Esperanza contra toda esperanza permiten observar esta din\u00e1mica en distintos contextos. En Nueva Orleans, durante el hurac\u00e1n Katrina de 2005, frente al abandono del gobierno federal estadounidense, comunidades afrodescendientes y de clase trabajadora organizaron redes de rescate en botes, distribuci\u00f3n de suministros y comedores comunitarios. Common Ground Relief, una red de ayuda mutua impulsada por activistas locales, entre ellos exmiembros de las Panteras Negras, mostr\u00f3 la capacidad de la poblaci\u00f3n para priorizar el cuidado colectivo y la atenci\u00f3n m\u00e9dica comunitaria sin esperar exclusivamente al mercado o al Estado. Al mismo tiempo, los sobrevivientes fueron criminalizados por parte del gobierno y de los medios de comunicaci\u00f3n mediante la imagen del \u201csaqueador\u201d, mientras la respuesta oficial lleg\u00f3 a priorizar el despliegue de tropas armadas y la protecci\u00f3n de establecimientos comerciales en lugar de acelerar el rescate y la atenci\u00f3n de las personas afectadas. <br><br>En el terremoto de Ciudad de M\u00e9xico de 1985, ante el colapso de numerosos edificios y la incapacidad de las autoridades para responder con rapidez, los habitantes de la ciudad se autoorganizaron mediante cadenas humanas para remover escombros y salvar vidas. Vecinos, damnificados del barrio de Tlatelolco y trabajadoras de la costura del centro de la ciudad formaron espacios de organizaci\u00f3n horizontal y redes de ayuda mutua que no desaparecieron con el fin de la emergencia. De ese proceso surgi\u00f3, entre otras expresiones organizativas, la Coordinadora \u00danica de Damnificados, que convirti\u00f3 la experiencia de la cat\u00e1strofe en una lucha social por vivienda digna y por derechos que desbordaban la l\u00f3gica inmobiliaria comercial. <br><br>En Kerala, India, durante las devastadoras inundaciones de 2018, miles de personas quedaron atrapadas en los techos de sus viviendas. Antes de que las fuerzas militares oficiales pudieran movilizarse a gran escala, comunidades de pescadores artesanales reaccionaron de inmediato: trasladaron sus botes de madera en camiones y se internaron en las corrientes urbanas para rescatar a miles de personas. La experiencia muestra c\u00f3mo la clase trabajadora puede colectivizar temporalmente herramientas que normalmente utiliza para su actividad econ\u00f3mica y convertirlas en infraestructura com\u00fan de salvaci\u00f3n. <br><br>Las pr\u00e1cticas de organizaci\u00f3n popular frente a las inundaciones tambi\u00e9n se han expresado en otros contextos, como las redes populares contra los tifones en Filipinas, donde comunidades locales organizan asambleas para reconstruir viviendas, compartir generadores el\u00e9ctricos y sostener comedores autogestionados, o los Centros de Apoyo Mutuo en Puerto Rico despu\u00e9s del hurac\u00e1n Mar\u00eda de 2017, que impulsaron comedores solidarios, sistemas comunitarios de energ\u00eda solar y huertos orientados a fortalecer la soberan\u00eda alimentaria. <br><br>En Jap\u00f3n, tras el terremoto y tsunami de T\u014dhoku de 2011 y la posterior crisis nuclear de Fukushima, la interrupci\u00f3n de las telecomunicaciones y de la electricidad llev\u00f3 a numerosas comunidades a recuperar pr\u00e1cticas de ayuda mutua. En refugios improvisados se organizaron mecanismos colectivos para distribuir alimentos, atender a las personas mayores y realizar tareas de limpieza y cuidado sin esperar permanentemente instrucciones externas. Tambi\u00e9n se pueden reconocer experiencias de organizaci\u00f3n territorial en Cuba a trav\u00e9s del trabajo de los Comit\u00e9s de Defensa de la Revoluci\u00f3n, presentado como un ejemplo de una estructura que coloca la defensa de la vida y la preparaci\u00f3n comunitaria en el centro de la respuesta ante fen\u00f3menos meteorol\u00f3gicos de gran escala. <br><br>Todos estos casos permiten extraer una conclusi\u00f3n importante: la capacidad popular de respuesta no deber\u00eda depender \u00fanicamente de la solidaridad que surge espont\u00e1neamente cuando ocurre una tragedia. Si queremos que esa solidaridad tenga una fuerza transformadora, es necesario convertirla en organizaci\u00f3n, formaci\u00f3n y capacidad permanente. Al mismo tiempo, debemos comprender que la emergencia constituye un terreno de disputa pol\u00edtica en el que se enfrentan intereses de clase, formas de propiedad, modelos de gesti\u00f3n y concepciones distintas sobre qui\u00e9n debe decidir y qui\u00e9n debe recibir protecci\u00f3n. El desastre puede ser utilizado para profundizar la militarizaci\u00f3n, ampliar mecanismos de vigilancia y control y garantizar intereses econ\u00f3micos, pero tambi\u00e9n puede abrir espacios para la cooperaci\u00f3n, la defensa de la vida y la construcci\u00f3n de capacidades populares. <br><br><strong>Venezuela y Colombia, hoy<\/strong><br><br>Esta disputa adquiere una dimensi\u00f3n particularmente importante en Am\u00e9rica Latina. En pa\u00edses como Venezuela y Colombia, la posibilidad de que una emergencia sea utilizada para reforzar mecanismos de control territorial, dependencia externa o presencia militar obliga a pensar la preparaci\u00f3n popular no como una actividad auxiliar, sino como una dimensi\u00f3n estrat\u00e9gica de la defensa de la vida, de la autonom\u00eda de las comunidades y de la soberan\u00eda de los pueblos. <br><br>En el contexto de las actuales agresiones imperialistas y de la utilizaci\u00f3n de conflictos y desastres como oportunidades para reorganizar territorios y asegurar militarmente pa\u00edses enteros, resulta indispensable observar qui\u00e9n define las prioridades de la ayuda, qui\u00e9n controla los recursos y qu\u00e9 intereses se benefician de la reconstrucci\u00f3n. Antes Venezuela y hoy Colombia intentan ser militarizados por tropas de los EE.UU e Israel bajo el pretexto de realizar labores de rescate. La actitud el gobierno de Abelardo de la Espriella adem\u00e1s de mostrar incapacidad e indolencia, se expresa como un oportunismo militarista, que debe ser rechazado y confrontado por las comunidades y organizaciones que desde los primeros minutos se pusieron al frente del desastre.<br><br>La respuesta a una cat\u00e1strofe puede terminar reforzando la dependencia y la militarizaci\u00f3n, o puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la organizaci\u00f3n comunitaria, la solidaridad y la capacidad de decidir colectivamente sobre los recursos necesarios para vivir. De ah\u00ed la importancia de prepararnos desde ahora: no para sustituir irresponsablemente a quienes tienen conocimientos especializados, sino para construir estructuras capaces de articular saberes, distribuir tareas, cuidar a quienes participan y responder de manera colectiva cuando las instituciones fallen o cuando sus prioridades entren en contradicci\u00f3n con las necesidades de la poblaci\u00f3n. Pensar un \u201ccomunismo de desastres\u201d significa, en \u00faltima instancia, preguntarnos c\u00f3mo hacer que, en medio de la crisis, la defensa de la vida, el valor de uso, la cooperaci\u00f3n y la organizaci\u00f3n popular tengan mayor fuerza que la mercantilizaci\u00f3n de la emergencia, la protecci\u00f3n de la propiedad y la securitizaci\u00f3n de los territorios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7e6c505c11151c47a4756f55a5523f7b wp-block-paragraph\">_________<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-830b68c179a881aca122619c0c4af783 wp-block-paragraph\">* Del coletivo Out of the Woods Collective se pueden conseguir sus textos en: <a href=\"https:\/\/www.commonnotions.org\/buy\/hope-against-hope\">https:\/\/www.commonnotions.org\/buy\/hope-against-hope<\/a> y <a href=\"https:\/\/fal.cnt.es\/producto\/comunismo-de-desastre-y-otros-textos-contra-la-catastrofe-capitalista\/\">https:\/\/fal.cnt.es\/producto\/comunismo-de-desastre-y-otros-textos-contra-la-catastrofe-capitalista\/<\/a> <br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Equipo CEDINS La cruda realidad de estos d\u00edas destruye el mito de que los desastres sacan lo peor de la humanidad. 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