{"id":7644,"date":"2025-02-06T19:19:01","date_gmt":"2025-02-06T19:19:01","guid":{"rendered":"https:\/\/cedins.org\/?p=7644"},"modified":"2025-02-06T19:19:02","modified_gmt":"2025-02-06T19:19:02","slug":"catatumbo-la-herida-abierta-del-extractivismo-y-la-resistencia-territorial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cedins.org\/index.php\/2025\/02\/06\/catatumbo-la-herida-abierta-del-extractivismo-y-la-resistencia-territorial\/","title":{"rendered":"Catatumbo: La herida abierta del extractivismo y la resistencia territorial"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7648\" style=\"width:801px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1-768x432.jpg 768w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/paz_catat-1.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5912e2f7787964e5c4f448508e819af0\">Por: Alfonso Insuasty Rodr\u00edguez* Yani Vallejo Duque**<br><br>Desde 1999, el Plan Colombia marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en la configuraci\u00f3n reciente, de la frontera norte. Bajo el pretexto de combatir el narcotr\u00e1fico, se impuso un modelo extractivista que desplaz\u00f3, criminaliz\u00f3 y empobreci\u00f3 a toda una regi\u00f3n.<br><br>El Catatumbo, una regi\u00f3n estrat\u00e9gica de Norte de Santander, en la frontera colombo-venezolana, ha sido hist\u00f3ricamente un epicentro de disputas econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas. Con vastas riquezas en recursos energ\u00e9ticos y naturales, la regi\u00f3n ha sido moldeada por la explotaci\u00f3n del petr\u00f3leo, el carb\u00f3n, el gas y el monocultivo de palma de aceite para biocombustibles.<br><br>Aunque estos sectores representan pilares econ\u00f3micos clave, han servido principalmente para beneficiar a \u00e9lites nacionales y a empresas transnacionales, perpetuando desigualdades hist\u00f3ricas y dejando en el olvido a las comunidades locales.<br><br>Desde principios del siglo XX, el petr\u00f3leo marc\u00f3 el destino del Catatumbo.<br><br>La Concesi\u00f3n Barco de 1905 dio paso a empresas como la Colombian Petroleum Company (Colpet) y la South American Gulf Company (Sagoc), que impulsaron la deforestaci\u00f3n, el despojo de tierras y una colonizaci\u00f3n petrolera que favoreci\u00f3 los intereses extranjeros. La regi\u00f3n, cuenta con infraestructura clave como un oleoducto de 423 km hacia Cove\u00f1as ubicada en la costa atl\u00e1ntica de Colombia.<br><br>Aunque en 1955 el control pas\u00f3 a manos de Ecopetrol, los beneficios de la explotaci\u00f3n energ\u00e9tica han seguido concentr\u00e1ndose en pocos sectores, mientras la pobreza y la exclusi\u00f3n prevalecen en el territorio.<br><br>El carb\u00f3n es otro motor econ\u00f3mico del Catatumbo, con reservas estimadas en 630 millones de toneladas, que lo posicionan como un actor clave en el mercado energ\u00e9tico global. La regi\u00f3n produce 1.750.000 toneladas anuales, de las cuales el 80% se exporta a mercados como Estados Unidos y la Uni\u00f3n Europea.<br><br>La miner\u00eda es clave para la econom\u00eda de Norte de Santander, destacando su producci\u00f3n de carb\u00f3n bituminoso de alta calidad para uso t\u00e9rmico y metal\u00fargico. En 2020, el departamento produjo 1,1 millones de toneladas de carb\u00f3n, representando el 2,2% del total nacional, adem\u00e1s de contribuir con el 4,8% de las gravas y el 12% de la arcilla de Colombia. M\u00e1s del 80% del carb\u00f3n y coque producido se exporta, mientras que el resto se destina al consumo interno en industrias como termoel\u00e9ctricas y ladrilleras.<br><br>El sector genera m\u00e1s de 7.500 empleos directos y 15.000 indirectos, junto con 3.600 empleos directos y 7.000 indirectos asociados a la producci\u00f3n de coque. Sin embargo, enfrenta desaf\u00edos como la dependencia de v\u00edas en mal estado y afectaciones por cierres fronterizos y protestas sociales.<br><br>A pesar de una ca\u00edda en la producci\u00f3n durante la pandemia, la miner\u00eda fue de las primeras actividades en reactivarse. Entre 2021 y 2022, el departamento recibi\u00f3 $238.000 millones en regal\u00edas, invirti\u00e9ndose principalmente en transporte, educaci\u00f3n y tecnolog\u00eda.<br><br>En t\u00e9rminos de seguridad, el sector lucha contra la explotaci\u00f3n ilegal y la alta accidentalidad, con programas como la Ruta de la Legalidad promoviendo est\u00e1ndares m\u00e1s altos. Aunque la miner\u00eda representa solo el 0,95% del PIB departamental, sigue siendo fundamental para la econom\u00eda y bienestar de m\u00e1s de 33.000 familias en la regi\u00f3n.<br><br>Sin embargo, este auge carbon\u00edfero, lejos de generar bienestar para las comunidades locales, ha contribuido al deterioro ambiental y a una econom\u00eda extractivista que deja \u201cmigajas\u201d para la poblaci\u00f3n, mientras las ganancias enriquecen a conglomerados nacionales e internacionales.<br><br>La expansi\u00f3n del monocultivo de palma de aceite, fortalecido por el Plan Colombia, la USAID, ha transformado radicalmente el paisaje del Catatumbo, consolidando al sector palmicultor como eje agroindustrial del departamento.<br><br>Empresas como Palnorte, con una producci\u00f3n anual de 50.000 toneladas de aceite, de las cuales exporta un 35%, se encuentran entre las cinco extractoras m\u00e1s destacadas del pa\u00eds.<br><br>Por su parte, Aceites y Grasas del Catatumbo, con una inversi\u00f3n de m\u00e1s de $75.000 millones, busca triplicar su capacidad de procesamiento, mientras el Cl\u00faster de Palma de Norte de Santander, creado en 2021, emplea a m\u00e1s de 14.000 personas y abarca 45.000 hect\u00e1reas de cultivo, generando el 40% del PIB agr\u00edcola de la regi\u00f3n.<br><br>Sin embargo, este modelo de aparente progreso est\u00e1 cargado de sombras. La consolidaci\u00f3n de la industria palmicultora, al igual que las explotaciones de carb\u00f3n, gas y petr\u00f3leo, no puede desvincularse de una dolorosa realidad: el despojo de tierras, la violencia paramilitar y el desplazamiento de comunidades campesinas e ind\u00edgenas.<br><br>Los intereses empresariales, como ha ido quedando evidenciado en los procesos de Justicia y Paz, la Jurisdicci\u00f3n Especial Para la Paz (JEP), la misma Comisi\u00f3n de la Verdad han sido beneficiados, en no pocas ocasiones, por actores armados ilegales que controlan el territorio a trav\u00e9s de la fuerza, dejando a su paso un saldo de v\u00edctimas y una herida abierta en el tejido social.<br><br>El Catatumbo no solo es epicentro de un modelo extractivista voraz, sino epicentro tambi\u00e9n, de disputas geopol\u00edticas globales que cruzan por la necesidad de controlar el mercado de la energ\u00eda, como es claro Venezuela posee inmensas reservas de petr\u00f3leo, gas, oro, entre otras.<br><br>Su riqueza energ\u00e9tica y estrat\u00e9gica ubicaci\u00f3n como corredor entre Colombia y Venezuela han perpetuado din\u00e1micas de desestabilizaci\u00f3n, muchas veces promovidas bajo el pretexto de combatir amenazas a la estabilidad regional.<br><br>En este contexto, Estados Unidos busca reafirmar su influencia en Am\u00e9rica Latina, enfrentando el ascenso de potencias como China y Rusia, mientras las \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas colombianas al servicio de intereses for\u00e1neos, abogan con avidez seguir profundizando la militarizaci\u00f3n del territorio para salvaguardar sus propios intereses.<br><br>La narrativa oficial, que reduce la conflictividad de la regi\u00f3n a un problema de narcotr\u00e1fico, oculta las complejas relaciones entre grupos armados, fuerza p\u00fablica, \u00e9lites econ\u00f3micas, clanes pol\u00edticos que siguen ocupando cargos p\u00fablicos e intereses geopol\u00edticos.<br><br>Informes recientes, como el de la Caravana Humanitaria de 2024, han denunciado la connivencia entre la fuerza p\u00fablica y estructuras armadas de corte paramilitar como el llamado Clan del Golfo y en algunos casos estas mismas alianzas con algunas disidencias, evidenciando c\u00f3mo estas alianzas garantizan la expropiaci\u00f3n de territorios y perpet\u00faan la exclusi\u00f3n hist\u00f3rica de las comunidades locales a\u00fan hoy.<br><br>Coca: Cultivo de Supervivencia en el Catatumbo<br><br>El Catatumbo, como muchas regiones de Colombia, ha sido hist\u00f3ricamente marginado por el Estado, sumido en la pobreza y la violencia. La falta de alternativas productivas viables ha convertido el cultivo de hoja de coca en la principal fuente de subsistencia para miles de campesinos. Sin infraestructura, inversi\u00f3n ni garant\u00edas para otras actividades agr\u00edcolas, las comunidades han recurrido a este cultivo no por elecci\u00f3n, sino por necesidad.<br><br>El mal estado de las v\u00edas en municipios como Tib\u00fa, El Tarra, Convenci\u00f3n, Teorama y Hacar\u00ed dificulta la comercializaci\u00f3n de otros productos, lo que hace inviable la sustituci\u00f3n de la coca. Los propios pobladores afirman que no cultivan coca por lujo, sino porque es la \u00fanica forma de evitar la miseria absoluta.<br><br>A pesar de los discursos oficiales, las grandes fortunas del narcotr\u00e1fico no est\u00e1n en el Catatumbo, sino en las grandes ciudades y en los pa\u00edses consumidores. Seg\u00fan el \u00faltimo informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Il\u00edcitos (SIMCI) de Naciones Unidas, Norte de Santander cuenta con 43.866 hect\u00e1reas de coca, con Tib\u00fa como el municipio con m\u00e1s cultivos (23.030 ha). La regi\u00f3n aporta el 17% de la producci\u00f3n nacional, atrayendo m\u00faltiples actores armados, incluido el propio Estado, que intenta imponer un control sobre esta renta il\u00edcita.<br><br>Las pol\u00edticas militaristas han fracasado: ni la aspersi\u00f3n con glifosato ni la erradicaci\u00f3n forzada han resuelto el problema. Incluso el proceso de paz se vio frustrado por el incumplimiento estatal y la falta de oportunidades para los excombatientes de las FARC, quienes, sin alternativas, han retornado al negocio il\u00edcito. Mientras tanto, el crecimiento de la demanda global de coca\u00edna sigue impulsando la producci\u00f3n local, sin que nadie en EE.UU. o Europa cuestione por qu\u00e9 sus poblaciones consumen cada vez m\u00e1s drogas.<br><br>La reciente confrontaci\u00f3n entre el Frente de Guerra Nororiental del ELN y el Frente 33 del Estado Mayor Central de las FARC ha desatado teor\u00edas sobre una supuesta alianza entre el ELN y el gobierno venezolano para controlar el narcotr\u00e1fico. Sin embargo, estas acusaciones carecen de pruebas y parecen ajustarse a la narrativa estadounidense que justificar\u00eda una posible intervenci\u00f3n militar en Venezuela.<br><br>Resistencia en el Catatumbo: Lucha por la Dignidad<br><br>A pesar del abandono y la violencia, el Catatumbo sigue siendo un territorio de resistencia. Las comunidades campesinas, ind\u00edgenas y afrodescendientes han levantado propuestas como el Pacto Social Territorial, que busca un modelo de desarrollo basado en la justicia social, la sostenibilidad ambiental y la defensa de la soberan\u00eda popular. Sin embargo, estas iniciativas han sido criminalizadas por las \u00e9lites, que prefieren mantener el statu quo.<br><br>El Estado solo ha hecho presencia en la regi\u00f3n para garantizar la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica, sin mejorar la calidad de vida de sus habitantes. El Catatumbo ha sido un laboratorio de guerra, donde el paramilitarismo \u2014respaldado por sectores de ultraderecha, pol\u00edticos corruptos y empresas nacionales e internacionales\u2014 ha actuado como un instrumento de despojo de tierras.<br><br>La respuesta gubernamental a las demandas de las comunidades ha sido la represi\u00f3n. El Paro del Nororiente es un ejemplo claro: cuando los campesinos exigieron derechos y mejores condiciones de vida, el Estado respondi\u00f3 con violencia, asesinatos, desapariciones y torturas, muchas de ellas ejecutadas con la complicidad del Batall\u00f3n Vencedores del Ej\u00e9rcito Nacional.<br><br>Las organizaciones sociales han denunciado que la militarizaci\u00f3n no traer\u00e1 paz, sino m\u00e1s violencia y desplazamiento. La paz real no se impone con armas, sino con inversi\u00f3n social, infraestructura y garant\u00edas para el desarrollo.<br><br>El Catatumbo resiste con la certeza de que el futuro debe ser construido por quienes han sobrevivido a la guerra y al olvido. En este territorio, donde la selva y el trueno se funden con la historia, persiste una fuerza inquebrantable: la voluntad de un pueblo que sue\u00f1a con una vida digna, soberana y en hermandad latinoamericana.<br><br>*Docente Investigador Universidad de San Buenaventura Medell\u00edn parte de REDPAZ e integrante grupos de investigaci\u00f3n Kavilando.<br><br>**Magister en derecho procesal penal, defensor p\u00fablico, investigador Grupo Kavilando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Alfonso Insuasty Rodr\u00edguez* Yani Vallejo Duque** Desde 1999, el Plan Colombia marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en la configuraci\u00f3n reciente, de la frontera norte. Bajo el pretexto de combatir el narcotr\u00e1fico, se impuso un modelo extractivista que desplaz\u00f3, criminaliz\u00f3 y empobreci\u00f3 a toda una regi\u00f3n. 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