{"id":60,"date":"2010-04-16T00:15:29","date_gmt":"2010-04-16T00:15:29","guid":{"rendered":"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/index.php\/2010\/04\/16\/gait-memorias-de-fuego\/"},"modified":"2010-04-16T00:15:29","modified_gmt":"2010-04-16T00:15:29","slug":"gait-memorias-de-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cedins.org\/index.php\/2010\/04\/16\/gait-memorias-de-fuego\/","title":{"rendered":"Gait\u00e1n, Memorias de Fuego"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-59\" src=\"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/gaitan0.jpg\" border=\"2\" alt=\" \" title=\"Gait&aacute;n\" hspace=\"2\" vspace=\"2\" width=\"96\" height=\"144\" align=\"left\" \/>El nueve de Abril se cumplio un a&ntilde;o m&aacute;s del asesinato del dirigente popular Jorge Eliecer Gait&aacute;n. Recuperamos este texto de Eduardo Galeano, en su libro &quot;Las memorias del Fuego&quot;<img decoding=\"async\" src=\"\" alt=\" \" align=\"absmiddle\" \/><\/p>\n<p><strong>9 de abril de 1948<br \/>Bogot&aacute;<\/p>\n<p>V&iacute;speras<\/strong><\/p>\n<p>En la pl&aacute;cida Bogot&aacute;, morada de frailes y juristas, el general Marshall se re&uacute;ne con los cancilleres de los pa&iacute;ses latinoamericanos.<br \/>&iquest;Que nos trae en sus alforjas el Rey Mago de Occidente, el que riega con d&oacute;lares, los suelos europeos devastados por la guerra? El general Marshall resiste, impasible, con los aud&iacute;fonos pegados a las sienes, el discurser&iacute;o que arrecia. Sin mover ni los p&aacute;rpados, aguanta las largu&iacute;simas profesiones de fe democr&aacute;tica de muchos delegados latinoamericanos ansiosos por venderse a precio de gallo muerto, mientras John McCloy, gerente del Banco Mundial, advierte:<\/p>\n<p>&mdash;Lo lamento, se&ntilde;ores, pero no he tra&iacute;do mi libreta de cheques en la maleta.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de los salones de la Novena Conferencia Panamericana, tambi&eacute;n llueven discursos todo a lo largo y a lo ancho del pa&iacute;s anfitri&oacute;n. Los doctores liberales anuncian que traer&aacute;n la paz a Colombia, como la diosa Palas Atenea hizo brotar el olivo en las colinas de Atenas, y los doctores conservadores prometen arrancar al sol fuerzas in&eacute;ditas y prender con el oscuro fuego que es entra&ntilde;a del globo la t&iacute;mida lamparilla votiva del tenebrario que se enciende en v&iacute;speras de la traici&oacute;n en la noche de las tinieblas.<\/p>\n<p>Mientras cancilleres y doctores claman, proclaman y declaman, la realidad existe. En los campos colombianos se libra a tiros la guerra entre conservadores y liberales; los pol&iacute;ticos ponen las palabras y los campesinos ponen los muertos. Y ya la violencia est&aacute; llegando hasta Bogot&aacute;, ya golpea a las puertas de la capital y amenaza su rutina de siempre, siempre los mismos pecados, siempre las mismas met&aacute;foras: en la corrida de toros del &uacute;ltimo domingo, la multitud desesperada se ha lanzado a la arena y ha roto en pedazos a un pobre toro que se negaba a pelear.<\/p>\n<p><strong>Gait&aacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El pa&iacute;s pol&iacute;tico, dice Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n, nada tiene que ver con el pa&iacute;s nacional. Gait&aacute;n es jefe del Partido Liberal, pero es tambi&eacute;n su oveja negra. Lo adoran los pobres de todas las banderas. &iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre el hambre liberal y el hambre conservadora? &iexcl;El paludismo no es conservador ni liberal!<\/p>\n<p>La voz de Gait&aacute;n desata al pueblo que por su boca grita. Este hombre pone al miedo de espaldas. De todas partes acuden a escucharlo, a escucharse, los andrajosos, echando remo a trav&eacute;s de la selva y metiendo espuela a los caballos por los caminos. Dicen que cuando Gait&aacute;n habla se rompe la niebla en Bogot&aacute;; y que hasta el mismo san Pedro para la oreja y no permite que caiga la lluvia sobre las gigantescas concentraciones reunidas a la luz de las antorchas.<\/p>\n<p>El altivo caudillo, enjuto rostro de estatua, denuncia sin pelos en la lengua a la oligarqu&iacute;a y al ventr&iacute;locuo imperialista que la tiene sentada en sus rodillas, oligarqu&iacute;a sin vida propia ni palabra propia, y anuncia la reforma agraria y otras verdades que pondr&aacute;n fin a tan larga mentira.<br \/>Si no lo matan, Gait&aacute;n ser&aacute; presidente de Colombia. Comprarlo, no se puede. &iquest;A qu&eacute; tentaci&oacute;n podr&iacute;a sucumbir este hombre que desprecia el placer, que duerme solo, come poco y bebe nada y que no acepta la anestesia ni para sacarse una muela?<\/p>\n<p><strong>El bogotazo<\/strong><\/p>\n<p>A las dos de la tarde de este nueve de abril, Gait&aacute;n ten&iacute;a una cita. Iba a recibir a un estudiante, uno de los estudiantes latinoamericanos que se est&aacute;n reuniendo en Bogot&aacute; al margen y en contra de la ceremonia panamericana del general Marshall.<br \/>A la una y media, el estudiante sale del hotel, dispuesto a echarse una suave caminata hacia la oficina de Gait&aacute;n. Pero a poco andar escucha ruidos de terremoto y una avalancha humana se le viene encima.<\/p>\n<p>El pobrer&iacute;o, brotando de los suburbios y descolgado de los cerros, avanza en tromba hacia todos los lugares, hurac&aacute;n del dolor y de la ira que viene barriendo la ciudad, rompiendo vidrieras, volcando tranv&iacute;as, incendiando edificios:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Lo mataron! &iexcl;Lo mataron!<\/p>\n<p>Ha sido en la calle, de tres balazos. El reloj de Gait&aacute;n qued&oacute; parado a la una y cinco.<br \/>El estudiante, un cubano corpulento llamado Fidel Castro, se mete en la cabeza una gorra sin visera y se deja llevar por el viento del pueblo.<br \/><strong><br \/>Llamas<\/strong><\/p>\n<p>Invaden el centro de Bogot&aacute; las ruanas indias y las alpargatas obreras, manos curtidas por la tierra o por la cal, manos manchadas de aceite o de lustre de zapatos, y al torbellino acuden los changadores y los estudiantes y los camareros, las lavanderas del r&iacute;o y las vivanderas del mercado, las sieteamores y los sieteoficios, los buscavidas, los buscamuertes y los buscasuertes: del torbellino se desprende una mujer llev&aacute;ndose cuatro abrigos de piel, todos encima, torpe y feliz como una osa enamorada; como un conejo huye un hombre con varios collares de perlas en el pescuezo y como tortuga camina otro con una nevera a la espalda.<\/p>\n<p>En las esquinas, ni&ntilde;os en harapos dirigen el tr&aacute;nsito, los presos revientan los barrotes de las c&aacute;rceles, alguien corta a machetazos las mangueras de los bomberos. Bogot&aacute; es una inmensa fogata y el cielo una b&oacute;veda roja; de los balcones de los ministerios incendiados llueven m&aacute;quinas de escribir y llueven balazos desde los campanarios de las iglesias en llamas. Los polic&iacute;as se esconden o se cruzan de brazos ante la furia.<br \/>Desde el palacio presidencial, se ve venir el r&iacute;o de gente. Las ametralladoras han rechazado ya dos ataques, pero el gent&iacute;o alcanz&oacute; a arrojar contra las puertas del palacio al destripado pelele que hab&iacute;a matado a Gait&aacute;n.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Bertha, la primera dama, se calza un revolver al cinto y llama por tel&eacute;fono a su confesor:<\/p>\n<p>&mdash;Padre, tenga la bondad de llevar a mi hijo a la Embajada americana.<\/p>\n<p>Desde otro tel&eacute;fono el presidente, Mariano Ospina P&eacute;rez, manda proteger la casa del general Marshall y dicta &oacute;rdenes contra la chusma alzada. Despu&eacute;s, se sienta y espera. El rugido crece desde las calles.<\/p>\n<p>Tres tanques encabezan la embestida contra el palacio presidencial. Los tanques llevan gente encima, gente agitando banderas y gritando el nombre de Gait&aacute;n, y detr&aacute;s arremete la multitud erizada de machetes, hachas y garrotes. No bien llegan a palacio, los tanques se detienen. Giran lentamente las torretas, apuntan hacia atr&aacute;s y empiezan a matar pueblo a montones.<\/p>\n<p><strong>Cenizas<\/strong><\/p>\n<p>Alguien deambula en busca de un zapato. Una mujer a&uacute;lla con un ni&ntilde;o muerto en brazos. La ciudad humea. Se camina con cuidado, por no pisar cad&aacute;veres. Un maniqu&iacute; descuajaringado cuelga de los cables del tranv&iacute;a. Desde la escalinata de un monasterio hecho carb&oacute;n, un Cristo desnudo y tiznado mira al cielo con los brazos en cruz. Al pie de esa escalinata, un mendigo bebe y convida: la mitra del arzobispo le tapa la cabeza hasta los ojos y una cortina de terciopelo morado le envuelve el cuerpo, pero el mendigo se defiende del fr&iacute;o bebiendo co&ntilde;ac franc&eacute;s en c&aacute;liz de oro, y en cop&oacute;n de plata ofrece tragos a los caminantes. Bebiendo y convidando, lo voltea una bala del ej&eacute;rcito.<\/p>\n<p>Suenan los &uacute;ltimos tiros. La ciudad, arrasada por el fuego, recupera el orden. Al cabo de tres d&iacute;as de venganza y locura, el pueblo desarmado vuelve al humilladero de siempre a trabajar y tristear.<\/p>\n<p>El general Marshall no tiene dudas. El bogotazo ha sido obra de Mosc&uacute;. El gobierno de Colombia suspende relaciones con la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-59\" src=\"https:\/\/cedins.rf.gd\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/gaitan0.jpg\" border=\"2\" alt=\" \" title=\"Gait&aacute;n\" hspace=\"2\" vspace=\"2\" width=\"96\" height=\"144\" align=\"left\" \/>El nueve de Abril se cumplio un a&ntilde;o m&aacute;s del asesinato del dirigente popular Jorge Eliecer Gait&aacute;n. 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