{"id":584,"date":"2016-05-05T01:48:42","date_gmt":"2016-05-05T01:48:42","guid":{"rendered":"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/index.php\/2016\/05\/05\/el-fernando-soto-aparicio-que-conoci\/"},"modified":"2016-05-05T01:48:42","modified_gmt":"2016-05-05T01:48:42","slug":"el-fernando-soto-aparicio-que-conoci","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cedins.org\/index.php\/2016\/05\/05\/el-fernando-soto-aparicio-que-conoci\/","title":{"rendered":"El Fernando Soto Aparicio que conoc\u00ed"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-583\" src=\"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio.jpg\" border=\"0\" style=\"margin: 2px; float: left;\" width=\"400\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio.jpg 400w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>Por: Jos\u00e9 Garz\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo muy bien que mi profesor de espa\u00f1ol nos pidi\u00f3 que ley\u00e9ramos, apenas iniciando el bachillerato, La Rebeli\u00f3n de las Ratas (1962). A m\u00ed, al igual que a casi todos mis compa\u00f1eros de aquel colegio distrital ubicado en Ciudad Bol\u00edvar en Bogot\u00e1, me pareci\u00f3 exagerado el c\u00famulo de lectura que se nos requiri\u00f3 y de entrada recibimos la indicaci\u00f3n con incomodidad, pues el h\u00e1bito de leer no era nuestro mejor atributo, no as\u00ed el de hacer piruetas con el bal\u00f3n de microf\u00fatbol. Con todo, la indicaci\u00f3n fue dada y \u00e9sta ser\u00eda objeto de un reporte de lectura que har\u00eda parte de la calificaci\u00f3n de la materia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00edtulo no me dec\u00eda mucho, al igual que su autor. Imagin\u00e9, recuerdo bien, que se tratar\u00eda de alguna narraci\u00f3n ficcionada, algo que tocaba leer porque el profesor lo ped\u00eda y nada m\u00e1s, como era la costumbre desde la escuela. Una vez me adentr\u00e9 en el texto, en sus formas sencillas y \u00e1giles, comprend\u00ed que no era as\u00ed. Ello me sorprendi\u00f3, pues en mi haber no ten\u00eda tantos libros le\u00eddos como para llenar los dedos de una mano, y luego de Platero y Yo y de El Principito, cualquier libro era demasiado extenso y muy aburrido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No valdr\u00eda la pena aqu\u00ed intentar recontar ni la gran historia que hall\u00e9 en las casi trecientas cincuenta p\u00e1ginas que me devor\u00e9 en poco tiempo, ni el impacto que aquella gran novela tuvo en el desarrollo de aquel grado s\u00e9ptimo-dos de mi colegio. Basta con decir que con la obra, no solo yo, sino un grupo de mi sal\u00f3n, aprendimos no solamente a leer con alg\u00fan nivel de autonom\u00eda, sino adem\u00e1s a relacionar literatura e historia, esto a trav\u00e9s de la situaci\u00f3n vivida por los mineros del oriente de Boyac\u00e1. Valga decir, que de aquel grupo saldr\u00edamos los responsables del primer peri\u00f3dico estudiantil que se har\u00eda famoso en nuestra generaci\u00f3n, en especial cuando llegados a d\u00e9cimo y once grado, pues insistimos en el prop\u00f3sito a\u00fan contra las medidas arbitrarias y castrenses del reci\u00e9n llegado coordinador de disciplina. No hubo ninguna de las treinta ediciones sin que se nombrase a aquel militar frustrado que ve\u00eda en el orden jerarquizado la mayor virtud de la sociedad. C\u00f3mo olvidar las sendas caricaturas y los numerosos mensajes de los lectores en contra de aquel obtuso funcionario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trascurr\u00edan esos a\u00f1os en que Lucho Herrera y Fabio Parra eran los \u00eddolos que m\u00e1s llenaban nuestros desvencijados radios transistores tras sus haza\u00f1as en las carreteras europeas, eso s\u00ed, alternados con el rock en espa\u00f1ol. Apenas cursaba noveno grado, cuando volv\u00ed a saber de aquel autor que me hab\u00eda impactado con su relato sobre la vida de los mineros en Timbal\u00ed. A una de mis cinco hermanas en el colegio femenino departamental del barrio Quiroga le pidieron que leyera Mientras Llueve (1966), y ello fue una gran disculpa para que juntos emprendi\u00e9ramos largas conversaciones sobre una novela y otra, al punto de que cada uno result\u00f3 leyendo directamente la novela que el otro relata, hallando as\u00ed la versatilidad y maestr\u00eda de Fernando Soto Aparicio para trasmitir esos sentimientos de injusticia y soledad que padecen los m\u00e1s despose\u00eddos cuando deciden enfrentar su realidad para transformarla, solo que esta vez ya no a la manera de las luchas colectivas, sino de la tragedia de Celina. Al poco tiempo, esta vez en el barrio que crec\u00ed, el cual contaba con su propio chircal, conoc\u00ed otro libro de Soto Aparicio, que sin andar busc\u00e1ndolo, de vez en cuando aparec\u00eda de buenas a primeras, y as\u00ed con su t\u00edtulo sugerente me cautivo: Los funerales de Am\u00e9rica (1978).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero fue a inicios de la d\u00e9cada de 1990, ya instalado fuera de Bogot\u00e1, y reci\u00e9n cumplida mi mayor\u00eda de edad, cuando conoc\u00ed La Siembra de Camilo (1971). Una novela corta y entretenida, la misma que ameniz\u00f3 algunas de mis tardes como lustrabotas en el terminal de transportes donde prestaba aqu\u00e9l servicio. En dicha obra encontr\u00e9 un nuevo registro, a\u00fan no percibido por m\u00ed, pero presente de una manera u otra en la pluma de Fernando Soto Aparicio: la esperanza. En ese sencillo y agradable relato, con personajes del diario vivir, no ajenos a la gran mayor\u00eda de los despose\u00eddos del continente, nos enmarca una relaci\u00f3n estrecha entre el amor y la pol\u00edtica, en donde la tragedia no es el resultado del esfuerzo y el sacrificio, pues, por el contrario, Florentino Sierra opta por enfrentar su realidad en pos del bienestar propio y de la mayor\u00eda empobrecida, a donde pertenec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya han pasado casi dos d\u00e9cadas y media y nunca m\u00e1s volv\u00ed a leer otra novela de Fernando Soto Aparicio, no s\u00e9 por qu\u00e9, en cambi\u00f3 si algunos de sus poemas y cuentos, los que a\u00fan me recrean y cuestionan, me hacen pensar en otras realidades posibles y urgentes. Estos me permiten encontrarme con un pasado que a\u00fan contin\u00faa sin resolver, con unos personajes que cotidianamente abrazo y con un tipo de escritura que envidio alcanzar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habr\u00eda que indicar que jam\u00e1s vi ni habl\u00e9 en persona con Fernando Soto Aparicio, aunque me hubiera gustado y tengo amigos y amigas que vivieron muy cerca de su casa en el barrio Chapinero. Anoche, cuando me enter\u00e9 de su muerte entend\u00ed, con el coraz\u00f3n constre\u00f1ido, que a pesar de ello lo conoc\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-583\" src=\"https:\/\/cedins.rf.gd\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio.jpg\" border=\"0\" style=\"margin: 2px; float: left;\" width=\"400\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio.jpg 400w, https:\/\/cedins.org\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/sotoaparicio-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>Por: Jos\u00e9 Garz\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo muy bien que mi profesor de espa\u00f1ol nos pidi\u00f3 que ley\u00e9ramos, apenas iniciando el bachillerato, La Rebeli\u00f3n de las Ratas (1962). A m\u00ed, al igual que a casi todos mis compa\u00f1eros de aquel colegio distrital ubicado en Ciudad Bol\u00edvar en Bogot\u00e1, me pareci\u00f3 exagerado el c\u00famulo de lectura que se nos requiri\u00f3 y de entrada recibimos la indicaci\u00f3n con incomodidad, pues el h\u00e1bito de leer no era nuestro mejor atributo, no as\u00ed el de hacer piruetas con el bal\u00f3n de microf\u00fatbol. 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