{"id":429,"date":"2014-01-09T20:04:28","date_gmt":"2014-01-09T20:04:28","guid":{"rendered":"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/index.php\/2014\/01\/09\/grandeza-y-miserias-del-rio-magdalena-el-desembarco-de-las-multinacionales-espanolas-en-colombia\/"},"modified":"2014-01-09T20:04:28","modified_gmt":"2014-01-09T20:04:28","slug":"grandeza-y-miserias-del-rio-magdalena-el-desembarco-de-las-multinacionales-espanolas-en-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cedins.org\/index.php\/2014\/01\/09\/grandeza-y-miserias-del-rio-magdalena-el-desembarco-de-las-multinacionales-espanolas-en-colombia\/","title":{"rendered":"Grandeza y miserias del r\u00edo Magdalena. El desembarco de las multinacionales espa\u00f1olas en Colombia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-428\" src=\"https:\/\/cedins.org\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/Colombia.jpg\" border=\"0\" width=\"259\" height=\"366\" style=\"margin: 2px; border: 2px solid black; float: left;\" \/>Por: Nazareth Castro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es el m\u00e1s largo ni el m\u00e1s caudaloso, pero el Magdalena es, con sus m\u00e1s de 1.500 kil\u00f3metros, la principal arteria fluvial de Colombia. El r\u00edo que inspir\u00f3 a Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez para escribir novelas como El amor en los tiempos del c\u00f3lera recorre el pa\u00eds de sur a norte, desde el Macizo Colombiano hasta el mar Caribe. El Gran R\u00edo de la Magdalena acoge a sus orillas multitud de poblaciones que recuerdan los tiempos en que el r\u00edo, navegable, era un medio fundamental de comunicaci\u00f3n y un elemento central para el desarrollo del pa\u00eds. Es m\u00e1s que un r\u00edo: es un s\u00edmbolo nacional. El \u201cR\u00edo de la Patria\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerca todav\u00eda del nacimiento del Magdalena, en el departamento (provincia) del Huila, se encuentra La Jagua, un pueblo de calles empedradas y solitarias, de esos en que el tiempo parece detenerse. Es un pueblo tranquilo, de poco m\u00e1s de mil habitantes, al que acuden visitantes atra\u00eddos por la antig\u00fcedad de sus casas coloniales y por su riqueza cultural de ra\u00edces ind\u00edgenas. Es tambi\u00e9n, dicen, un pueblo de brujas. Cuenta la leyenda que son de dos tipos: hechiceras o voladoras. Uno puede o no creer, pero, como dicen por aqu\u00ed, \u201cpues que las hay, las hay\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, el Magdalena pasa con un caudal todav\u00eda peque\u00f1o, pero gran fuerza y vitalidad. El r\u00edo ordena la vida de la gente: es fuente de sustento de los pescadores, ba\u00f1a las tierras m\u00e1s f\u00e9rtiles y es el lugar de recreo por excelencia. Pero hoy est\u00e1 amenazado: la empresa Emgesa, filial colombiana de la multinacional italo-espa\u00f1ola Enel Endesa, est\u00e1 construyendo la central hidroel\u00e9ctrica de El Quimbo. Ha encontrado la oposici\u00f3n de los vecinos, que se han unido en la asociaci\u00f3n Asoquimbo, que agrupa a miles de afectados por las obras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zoila es una de las activistas m\u00e1s decididas con las que cuenta la comunidad. Cuando llegamos a su casa es de noche en La Jagua y, como durante todo el a\u00f1o, hace calor. La casa de Zoila se ha convertido en un baluarte de la resistencia: por la cocina, que comunica con un patio interior repleto de \u00e1rboles y plantas, pasan cada d\u00eda los vecinos para comentar la situaci\u00f3n, intercambiar informaci\u00f3n, organizarse. Tambi\u00e9n los m\u00e1s j\u00f3venes: uno de los hijos de Zoila form\u00f3 su propia asociaci\u00f3n en defensa del r\u00edo. Un hermoso mural adorna la casa de Zoila y anuncia su condici\u00f3n de punto de encuentro. Desde aqu\u00ed, Zoila, mientras mantiene el fervor pol\u00edtico cuida de sus cuatro hijos, su padre, los gatos, el perro. Su esposo, dice, colabora m\u00e1s en casa desde que ella est\u00e1 en Asoquimbo. Divergen en algunos planteamientos, pero est\u00e1n de acuerdo en lo esencial: la necesidad de defender la belleza del Magdalena y los sonidos que lo habitan. \u201cAhora que todav\u00eda est\u00e1 vivo, hay que proteger el r\u00edo. Si no, \u00bfqu\u00e9 les vamos a decir a nuestros hijos, que no peleamos por defenderlo?\u201d, se pregunta Zoila.<\/p>\n<p>Tiene motivos para estar preocupada. Muy cerca de La Jagua, en el municipio de Hobo, se construy\u00f3 la primera gran represa de la regi\u00f3n: Betania, una central hidroel\u00e9ctrica de gran tama\u00f1o inaugurada en 1987. Cuando se anunci\u00f3 el proyecto, los vecinos aceptaron de buena gana el discurso de la empresa y las autoridades: la hidroel\u00e9ctrica ven\u00eda a traer progreso al Huila, una regi\u00f3n agr\u00edcola del interior del pa\u00eds, la puerta de entrada a la Amazonia. A los opitas \u2013como les dicen a los originarios del Huila- les prometieron progreso y empleo, y ellos lo creyeron: votaron masivamente a favor de la represa. Veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s no ven los resultados. \u201cEl pueblo de Hobo sabe bien qu\u00e9 trae la represa: antes, aqu\u00ed se cultivaba arroz, cacao, ma\u00edz; ahora, la mayor parte de la gente sobrevive como puede vendiendo agua en la carretera\u201d, cuenta Gilberto, uno de los afectados por el proyecto.<\/p>\n<p>Jorge Enrique Robledo, senador por el Polo Democr\u00e1tico y uno de los representantes de la izquierda m\u00e1s reconocidos en Colombia, resume as\u00ed la secuencia que ahora temen los habitantes de La Jagua: \u201cSe inunda un \u00e1rea grande de tierra f\u00e9rtil. Las utilidades se las lleva la multinacional, el empleo dura lo que la construcci\u00f3n de la presa, y se quedan sin tierra, cuando la agricultura es la que articula y encadena otras actividades productivas\u201d, como la artesan\u00eda y el comercio. Las represas tambi\u00e9n acaban con los otros dos pilares de la modesta econom\u00eda de muchas familias de la Colombia rural: la pesca y la miner\u00eda artesanal.<\/p>\n<p><strong>\u201c\u00a1O se van las multinacionales del territorio, o las echamos!\u201d<\/strong><\/p>\n<p>La central hidroel\u00e9ctrica de El Quimbo se ubica al sur del embalse de Betania, en un sitio geogr\u00e1fico enca\u00f1onado, a 1.300 metros aguas arriba, en la desembocadura del r\u00edo P\u00e1ez sobre el Magdalena. La represa inundar\u00e1 8.586 hect\u00e1reas, de las cuales 5.300 eran productivas, y afectar\u00e1 a seis municipios. Adem\u00e1s, el 95% de ese territorio forma parte de la Reserva Forestal Protectora de la Amazon\u00eda y el Macizo Colombiano. Las inundaciones de la represa, que ya se encuentra en fase de llenado con la expectativa de comenzar a funcionar en 2014, afectar\u00e1n directamente a 1.537 personas a los que se expropiar\u00e1n sus tierras. Es por eso que los habitantes de los municipios afectados, como Hobo, La Jagua y Gigante, decidieron formar hace cinco a\u00f1os Asoquimbo, una asociaci\u00f3n a la que se han adscrito miles de vecinos, con el respaldo y el decidido apoyo del investigador Miller Arm\u00edn Duss\u00e1n. \u201c\u00a1O se van las multinacionales del territorio, o las echamos!\u201d, dicen.<\/p>\n<p>Sobre el papel, la ley garantiza a los expropiados la restituci\u00f3n por otras tierras productivas, pero Emgesa, sin encontrar la oposici\u00f3n de las autoridades, pretende comprarles las fincas a un precio que se queda muy corto por la inflaci\u00f3n que ha generado el proyecto. \u201cNos ofrecen 32 millones de pesos (unos 12.000 euros), cuando la hect\u00e1rea est\u00e1 ya a 40 \u00f3 50 millones (entre 15 y 20.000 euros)\u201d, asegura Jorge Uguan\u00e9s, otro de los campesinos afectados. El proyecto perjudicar\u00e1 tambi\u00e9n a cientos de jornaleros que trabajaban para los terratenientes de la zona. Los due\u00f1os de las mayores fincas s\u00ed vendieron sus tierras a Emgesa: la empresa las dej\u00f3 bald\u00edas. Tierras que antes eran productivas comenzaban a ser invadidas por las malas hierbas, mientras cientos de familias de jornaleros se quedaban sin trabajo ni sustento, y sin derecho a compensaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>El pasado mes de abril los campesinos ocuparon tres de esas fincas, situadas en las afueras de La Jagua, en unos territorios denominados La Virginia. Las tierras volvieron a producir ma\u00edz, fr\u00edjol, cilantro. De la mano de Zoila, visito una de esas fincas, llamada La Guaca. All\u00ed, Francisco, uno de los agricultores, se explica: \u201cLa empresa dijo que desarrollar\u00eda procesos productivos, pero cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, no hab\u00eda llegado ninguna soluci\u00f3n. Emgesa dice que esto es una ocupaci\u00f3n ilegal, pero no estamos invadiendo nada: estamos defendiendo el territorio. Ellos son los que nos lo arrebataron\u201d. Toman la palabra sus compa\u00f1eros de faena: \u201cEstamos perdiendo terreno: quieren privatizarlo todo. Tenemos que recuperar nuestra cultura, nuestra identidad, el sentido de pertenencia a la tierra. La lucha es por la tierra\u201d, dice Harold. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 van a vivir nuestros hijos, nuestros nietos? Si no defendemos lo nuestro, les estamos arrojando al delito\u201d, a\u00f1ade Armando.<\/p>\n<p>Cuando visit\u00e9 La Jagua, el pasado mes de julio, los vecinos se turnaban cada d\u00eda para hacer guardia a las afueras del pueblo y vigilar que los funcionarios de Emgesa no pasaran a las fincas de La Virginia. No pudieron evitar que, a finales de septiembre, unas doscientas familias fueran desalojadas de tres fincas ocupadas, en una r\u00e1pida operaci\u00f3n del Escuadr\u00f3n Antimotines de la Polic\u00eda.<\/p>\n<p>En sus comunicados de prensa, Emgesa, que rehus\u00f3 dar su punto de vista, asegura que se est\u00e1n desarrollando proyectos productivos para mejorar la vida de los campesinos, pero los vecinos de La Jagua lo niegan. A\u00f1aden que el censo de afectados que ha elaborado la empresa es parcial y arbitrario: no incluye a todos los propietarios de tierras y mucho menos a otros afectados, como jornaleros y comerciantes. Temen tambi\u00e9n que, como ocurri\u00f3 en Betania, la empresa no cumpla con lo prometido. Gilberto, el pescador de Hobo, aclara que a los afectados por Betania nunca se les restituyeron las tierras que perdieron con las inundaciones de la represa, y que se hizo pescador por obligaci\u00f3n: \u201cAhora que ya aprend\u00ed el oficio, notamos que cada d\u00eda hay menos pescado desde que comenzaron las obras de El Quimbo. Otra vez nos quedaremos sin trabajo\u201d. Por eso dice Gilberto que la situaci\u00f3n en el Huila es \u201cuna bomba de tiempo\u201d. Y la bomba empez\u00f3 a estallar poco despu\u00e9s de mi visita, en agosto, con un par\u00f3n agrario que moviliz\u00f3 24 de los 32 departamentos del pa\u00eds y que congreg\u00f3 a campesinos, ind\u00edgenas y transportistas, pero tambi\u00e9n a la opini\u00f3n p\u00fablica urbana, en protesta por las condiciones cada vez m\u00e1s precarias para el campo colombiano.<\/p>\n<p>Al impacto social y econ\u00f3mico de la represa se suman las posibles consecuencias sobre la riqueza ambiental y patrimonial que atesora el r\u00edo. En su jard\u00edn en La Jagua, Mauricio, otro de los activistas de Asoquimbo, me ense\u00f1a vasijas ind\u00edgenas muy antiguas que, asegura, todav\u00eda se encontraban a la orilla del caudal hasta la llegada de Emgesa. En su jard\u00edn crecen plantas ex\u00f3ticas, como las heliconias, y se dejan ver iguanas y muy diversos p\u00e1jaros. El jard\u00edn de Mauricio es, como cualquier rinc\u00f3n del Huila, una peque\u00f1a muestra del rico ecosistema de esta regi\u00f3n de Colombia, el pa\u00eds m\u00e1s biodiverso del mundo en relaci\u00f3n a su superficie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Irregularidades y connivencias<\/strong><\/p>\n<p>Emgesa inici\u00f3 las obras de la represa antes de contar con un estudio de impacto ambiental, y cuando \u00e9ste se public\u00f3 tampoco despej\u00f3 las dudas. La propia Contralor\u00eda General de la Rep\u00fablica, el m\u00e1ximo \u00f3rgano fiscalizador del Estado en Colombia, se\u00f1al\u00f3 errores de procedimiento, cuestion\u00f3 la posibilidad de restituir las tierras productivas, como marca la ley, y concluy\u00f3: \u201cColombia est\u00e1 al borde de la cat\u00e1strofe ambiental y El Quimbo es un caso excepcional\u201d. La Contralor\u00eda pidi\u00f3 frenar el proyecto, pero la empresa cont\u00f3 con el decidido apoyo de las autoridades locales y nacionales. El poder que las autoridades colombianas han entregado a la empresa es tal que Emgesa dise\u00f1\u00f3 el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la zona, asegura el profesor Miller Duss\u00e1n.<\/p>\n<p>\u201cSe trata de un proyecto mal planteado desde el principio\u201d, afirma Jorge Robledo. El senador, miembro del Polo Democr\u00e1tico Alternativo, que ha criticado las pol\u00edticas de los \u00faltimos presidentes de Colombia, que califica de neoliberales, argumenta que, entre otras cosas, el proyecto no contempla el control de la apertura de compuertas para prevenir inundaciones. No es un riesgo desde\u00f1able despu\u00e9s del antecedente de Alto Anchicay\u00e1, una represa ubicada en el departamento del Valle del Cauca y propiedad de la Empresa de Energ\u00eda del Pac\u00edfico (EPSA), por aquel entonces filial de Uni\u00f3n Fenosa. En 2001, la represa abri\u00f3 las compuertas sin previa consulta a las comunidades, provocando un desastre ambiental: se liberaron 500.000 metros c\u00fabicos de sedimentos que llevaban medio siglo represados en el embalse. \u201cTodos los peces murieron, los cultivos se da\u00f1aron y seis mil personas resultaron afectadas y quedaron pr\u00e1cticamente en la ruina\u201d, inform\u00f3 el diario El Espectador.<\/p>\n<p><strong>El desembarco de las transnacionales<\/strong><\/p>\n<p>Uni\u00f3n Fenosa y Endesa \u2013hoy propiedad de la italiana Enel- son, junto a Iberdrola, las multinacionales de origen espa\u00f1ol que, desde su desembardo en el continente, entre los a\u00f1os 90 y 2000, han consolidado posiciones de liderazgo en Am\u00e9rica Latina. Igual que los sectores de las telecomunicaciones (Telef\u00f3nica), la banca (Santander, BBVA), la extracci\u00f3n de hidrocarburos (Repsol, Cepsa), el turismo (Sol Meli\u00e1, NH), la industria textil (Inditex, Mango), la prensa (Prisa, Planeta), las redes de agua y saneamiento (Agbar, Canal de Isabel II) o la construcci\u00f3n (FCC, Acciona y Sacyr Vallermoso, que encabeza el grupo que construir\u00e1 el nuevo Canal de Panam\u00e1). Estas grandes firmas han convertido a Espa\u00f1a en el segundo inversor en Latinoam\u00e9rica, s\u00f3lo por detr\u00e1s de Estados Unidos, y copan los servicios p\u00fablicos domiciliarios en un buen n\u00famero de pa\u00edses.<\/p>\n<p>Estas firmas encontraron en Colombia un marco legal que se modific\u00f3 en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX para hacer del pa\u00eds un destino atractivo para la Inversi\u00f3n Extranjera Directa (IED), desde la propia Constituci\u00f3n de 1991, que elimina la distinci\u00f3n entre empresas nacionales y extranjeras. En los a\u00f1os 90, bajo la presidencia de C\u00e9sar Gaviria, el Gobierno colombiano emprendi\u00f3 un intenso proceso de apertura econ\u00f3mica que incluy\u00f3 la privatizaci\u00f3n de las empresas que prestaban servicios p\u00fablicos a los ciudadanos. Lo mismo ocurri\u00f3 en el resto del continente: son los tiempos del Consenso de Washington, esto es, aplicaci\u00f3n de pol\u00edticas calificadas desde muchos sectores de neoliberales. En la Am\u00e9rica Latina de los a\u00f1os 90, la mayor parte de los pa\u00edses arrastra unos altos niveles de deuda externa que sit\u00faan a pa\u00edses como M\u00e9xico, Argentina y Brasil al borde de la suspensi\u00f3n de pagos. En ese contexto, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial presionan para poner en marcha las reformas de ajuste propias del discurso m\u00e1s liberal que incluye la privatizaci\u00f3n masiva de empresas p\u00fablicas. Colombia es una excepci\u00f3n: no tiene grandes problemas de deuda, pero igualmente se suma a la corriente predominante y aplica el ajuste.<\/p>\n<p>Al otro lado del Atl\u00e1ntico son los tiempos de la integraci\u00f3n europea y la apertura de mercados. En ese marco, las empresas espa\u00f1olas, para ser competitivas, abordaron un intenso proceso de concentraci\u00f3n empresarial, seguido de la privatizaci\u00f3n de algunas de las compa\u00f1\u00edas p\u00fablicas m\u00e1s relevantes. Endesa, Telef\u00f3nica y Repsol, entre otras, son privatizadas durante los mandatos de Felipe Gonz\u00e1lez y Jos\u00e9 Mar\u00eda Aznar. La secuencia culmina cuando esas nuevas compa\u00f1\u00edas privadas compran las empresas que acaban de ser privatizadas en el continente latinoamericano. Uni\u00f3n Fenosa se hace con Electricaribe y EPSA en Colombia, Endesa adquiere Enersis en Chile y Repsol obtiene YPF Argentina. Gracias a las compras de filiales en Am\u00e9rica Latina, el peso de las inversiones extranjeras en el Producto Interior Bruto (PIB) espa\u00f1ol pasa del 0,9% en 1996 al 9,6% en el a\u00f1o 2000. Para entonces, Espa\u00f1a se ha convertido en el sexto pa\u00eds inversor en el mundo, y el 66% de esa inversi\u00f3n extranjera directa (IED) est\u00e1 en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>\u201cLos gobiernos y las empresas suelen argumentar que el capital extranjero es necesario para acometer las transformaciones que requiere en el pa\u00eds y atender a la poblaci\u00f3n rural y los barrios empobrecidos, pero la realidad es muy distinta: si el discurso privatizador promet\u00eda bajada de tarifas y mejora del servicio, el resultado fue el contrario\u201d, afirma Pedro Ramiro, coordinador del Observatorio de Multinacionales en Am\u00e9rica Latina (OMAL) y autor de varios informes sobre el caso colombiano. \u201cLas multinacionales el\u00e9ctricas ofrecen un servicio p\u00e9simo, con apagones y cortes, tarifas impagables para la poblaci\u00f3n pobre y accidentes derivados de las malas infraestructuras\u201d, explica. Adem\u00e1s, en el caso de los servicios p\u00fablicos, la privatizaci\u00f3n \u201cpone en cuesti\u00f3n la soberan\u00eda del pa\u00eds y la democracia en el acceso a los servicios b\u00e1sicos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLas transnacionales extranjeras no crean nuevas industrias ni aportan nuevo know how: vienen a comprar lo que ya est\u00e1 hecho\u201d, sostiene el senador Robledo. \u201cEl caso de las privatizaciones de servicios p\u00fablicos es notable: el Gobierno colombiano crea la empresa, el mercado, la infraestructura, y ah\u00ed llega la IED y compra a buen precio\u201d, a\u00f1ade. Las inversiones espa\u00f1olas en Am\u00e9rica Latina no aumentan la capacidad productiva ni crean empleo. M\u00e1s bien al contrario. A menudo implicaron recortes de plantilla y precariedad laboral. As\u00ed, por ejemplo, la llegada de Endesa a Colombia supuso la p\u00e9rdida de 2.000 puestos de trabajo y un deterioro del convenio colectivo; Uni\u00f3n Fenosa, por su parte, despidi\u00f3 a cerca de 700 personas, si bien la empresa privada anterior ya se hab\u00eda encargado de echar a la calle a otros 2.300 trabajadores. Esto explicar\u00eda la poca aceptaci\u00f3n de las empresas espa\u00f1olas en Colombia: seg\u00fan el Latinobar\u00f3metro de 2004, apenas un 29% de los latinoamericanos cre\u00eda que la inversi\u00f3n extranjera directa era beneficiosa para sus pa\u00edses.<\/p>\n<p>El director de la C\u00e1mara de Comercio Hispano Colombiana, Enrique de Zabala Hartwig, no est\u00e1 de acuerdo con esas impresiones: admite que las grandes empresas pueden cometer errores, pero opina que esa est\u00e1 muy lejos de ser la norma. En su opini\u00f3n, \u201cel aumento de la IED ha contribuido a disminuir la inseguridad en Colombia\u201d y ha venido acompa\u00f1ada de \u201cmejoras en la calidad de vida\u201d. Tambi\u00e9n Carlos Neiva, director del IPSE, un departamento del Ministerio de Minas y Energ\u00eda que se centra en las zonas no interconectadas del pa\u00eds, sostiene que la IED \u201cha sido un pilar para el desarrollo del pa\u00eds\u201d. Las estad\u00edsticas del Banco Mundial sustentan parcialmente estas afirmaciones: el coeficiente Gini (que mide la desigualdad en el pa\u00eds, donde 1 es la m\u00e1xima desigualdad) ha pasado de 58,3 en 2004 al 55,9 en 2010. Ha mejorado levemente, pero sigue siendo uno de los m\u00e1s altos del continente, y la mejor\u00eda es moderada si se tiene en cuenta que, hasta sentir la crisis en 2009, Colombia creci\u00f3 esos a\u00f1os a tasas que llegaron al 7% del PIB anual. Las cifras sobre poblaci\u00f3n sumida en la pobreza muestran una mayor mejor\u00eda \u2013del 45% al 37% en los \u00faltimos cinco a\u00f1os-, pero esa evoluci\u00f3n podr\u00eda estar sesgada por el cambio en el sistema de medici\u00f3n que implant\u00f3 el Gobierno de Juan Manuel Santos.<\/p>\n<p>Pero las estad\u00edsticas esconden el precio que la Colombia rural ha pagado por esa noci\u00f3n de desarrollo. La pregunta es, entonces, qu\u00e9 entendemos por progreso. \u201cEn el sistema actual, se trata de crecer aunque sea de forma agresiva, pero, \u00bfa qui\u00e9n beneficia ese modelo? Cada vez se cuestiona m\u00e1s esa idea lineal de progreso que termina por enfrentar el af\u00e1n de lucro con los derechos humanos\u201d, me explica la antrop\u00f3loga Lina Mar\u00eda Mart\u00ednez, que investig\u00f3 los impactos de la represa de la Salvajina, en el departamento del Cauca, al suroccidente de Colombia.<\/p>\n<p><strong>Del para\u00edso al infierno en el embalse de Salvajina<\/strong><\/p>\n<p>En la Salvajina, la distancia entre el para\u00edso y el infierno la marca la cantidad de agua que retiene el embalse. En el invierno \u2013los meses de abundantes lluvias-, el paisaje es hermoso, pero en el verano se seca el lago y deja al descubierto los sedimentos del r\u00edo. A partir de agosto, la vida se les complica mucho a los lugare\u00f1os. Durante varios meses quedan pr\u00e1cticamente incomunicados y expuestos a la contaminaci\u00f3n y las enfermedades que traen los mosquitos. El lago de belleza impenetrable da lugar a un lodazal y las lanchas y planchones que habitualmente cruzan de un lugar a otro ya no pueden pasar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, en el departamento del Cauca, al suroccidente de Colombia, la riqueza \u00e9tnica de la zona s\u00f3lo es comparable a la exuberancia de su naturaleza. Recorro el trayecto en el planch\u00f3n, la barcaza que puso a disposici\u00f3n de los habitantes la empresa responsable del embalse, EPSA. El planch\u00f3n hace el recorrido una sola vez al d\u00eda. Son tres horas de traves\u00eda desde la reserva ind\u00edgena de Honduras, en el municipio de Morales, hasta las comunidades afrodescendientes del municipio de Su\u00e1rez. El crisol de razas que es Colombia se manifiesta con la misma plenitud que su biodiversidad. Mientras observo la belleza del lago me resulta dif\u00edcil imaginar el paisaje que dejar\u00e1 el lodo en apenas unas semanas.<\/p>\n<p>Encuentro a Robinson en el pueblo de Morales. \u00c9l me gu\u00eda hasta la reserva ind\u00edgena y me lleva a la casa de don Luis y do\u00f1a Natividad. All\u00ed dormir\u00e9, en un cuarto sencillo que da a un patio abierto donde nuestros anfitriones tienen gallinas y donde, en un trapiche artesanal, preparan la panela, un producto a base de ca\u00f1a de az\u00facar muy popular en Colombia. En ese patio aprendo que el arroz con huevo y tajadas de pl\u00e1tano maduro frito puede ser el m\u00e1s exquisito de los manjares. De noche, cuando las veredas quedan totalmente a oscuras \u2013vivir junto a una represa no garantiza el suministro el\u00e9ctrico-, la forma en que las estrellas toman el cielo se me antoja tan in\u00e9dita que me cuestiono sobre mi urbanita ignorancia.<\/p>\n<p>Robinson, don Luis, Natividad y otros vecinos que se amontonan en el modesto porche de la vivienda de don Luis aseguran que, antes de que la represa inundara las mejores tierras productivas, la comida era mucho m\u00e1s abundante; tambi\u00e9n el pescado y el oro, que sustentaba a muchas familias. La construcci\u00f3n de la represa sobre el r\u00edo Cauca en 1984, a manos de una empresa p\u00fablica, gener\u00f3 mucha resistencia y finaliz\u00f3 con miles de desplazados, muchos de los cuales nunca recibieron nada a cambio de las tierras expropiadas. \u201cMuchos vecinos vendieron las mejores tierras y ahora viven en la loma, sin agua potable, incomunicados\u201d, me explica Robinson. Su padre prefiri\u00f3 resistirse a vender, pero no le fue mejor: \u201cIgualmente inundaron sus tierras, y nunca le pagaron\u201d. Hoy, cuentan don Luis y do\u00f1a Natividad, los cultivos ya no son lo mismo, sobre todo el ma\u00edz y el fr\u00edjol, y se sienten los efectos del cambio clim\u00e1tico, traducido en un sol cada vez m\u00e1s agresivo, del que pronto mi blanca espalda dar\u00e1 fe. En invierno, con los mosquitos, llegan enfermedades epidemiol\u00f3gicas y respiratorias. Aunque lo peor es, quiz\u00e1, el aislamiento de las comunidades, sobre todo en los meses de invierno. Algunos ni\u00f1os deben caminar dos y tres horas para llegar a la escuela.<\/p>\n<p>Vecinos del resguardo de Honduras desistieron y marcharon a la ciudad en busca de otros caminos, que terminan, muchas veces, en las comunas (favelas) de Cali o Medell\u00edn, o en la venta ambulante. Otros muchos se quedaron y, organizados en formas cooperativas como las tradicionales mingas ind\u00edgenas, siguen trabajando y cultivando. Se quedan, convencidos todav\u00eda de habitar un territorio sagrado que deben defender. As\u00ed lo expresa uno de los vecinos de don Luis: \u201cNosotros vemos el r\u00edo como un modo de vida; ellos s\u00f3lo ven bajar los d\u00f3lares\u201d.<\/p>\n<p>La inundaci\u00f3n de sus tierras m\u00e1s f\u00e9rtiles, las de la orilla del r\u00edo Cauca antes de su desv\u00edo, fue un duro golpe, pero lo fue m\u00e1s a\u00fan el abandono de Estado y empresas. Poco despu\u00e9s de la inauguraci\u00f3n de la represa, los lugare\u00f1os llegaron a un acuerdo con la empresa y el Estado, conocido como Acta de 1986, que inclu\u00eda la construcci\u00f3n de caminos, escuelas y centros de salud para minimizar el impacto de la obra sobre la vida de las comunidades. Los lugare\u00f1os denuncian que se hizo, como mucho, un 10% de lo prometido, y ya est\u00e1 deteriorado; el Estado ha sido demandado por tales incumplimientos.<\/p>\n<p>\u201cSi en Salvajina hubi\u00e9semos tenido conocimiento de los impactos, no hubi\u00e9ramos permitido las obras. Pero no hab\u00eda percepci\u00f3n a futuro, y hoy vemos las consecuencias\u201d, cuenta Eduardo Tamayo, consejero mayor del Consejo Regional Ind\u00edgena del Cauca (CRIC), la organizaci\u00f3n que agrupa a la gran mayor\u00eda de los cabildos ind\u00edgenas de la regi\u00f3n. Tamayo asegura que, a d\u00eda de hoy, ni el Estado ni las empresas se han responsabilizado de la situaci\u00f3n. Cuando Uni\u00f3n Fenosa adquiri\u00f3 EPSA, en el a\u00f1o 2000, se desentendi\u00f3 del caos que hab\u00eda dejado el consorcio empresarial que la precedi\u00f3. Nueve a\u00f1os despu\u00e9s, tras la adquisici\u00f3n de Gas Natural de la mayor\u00eda accionarial de Uni\u00f3n Fenosa y tras una serie de complejas operaciones financieras, la multinacional espa\u00f1ola opt\u00f3 por deshacerse de EPSA. Mientras van y vienen fusiones, adquisiciones y compraventa de acciones, los habitantes afectados por la Salvajina siguen esperando una soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Siendo propiedad de Uni\u00f3n Fenosa, EPSA reaviv\u00f3 un viejo proyecto que a finales de los 90 hab\u00eda sido desechado por su impacto ambiental: la desviaci\u00f3n del r\u00edo Ovejas, que reactivar\u00eda la generaci\u00f3n de energ\u00eda ahora que Salvajina se encuentra al fin de su vida \u00fatil. La nueva obra afectar\u00eda, sobre todo, a las comunidades afrodescendientes de Su\u00e1rez, que ya han mostrado su firme rechazo al proyecto. Una de esas comunidades, La Toma, ha protagonizado una campa\u00f1a de resistencia que es mucho m\u00e1s reciente para los afrodescendientes que para los ind\u00edgenas del Cauca. La nueva EPSA, participada por empresas colombianas, consinti\u00f3 en elaborar un plan ambiental con la participaci\u00f3n de las comunidades. Pero, seg\u00fan el consejero mayor del CRIC, Eduardo Tamayo, ese plan \u201cs\u00f3lo identifica los impactos ambientales y las posibles compensaciones: se olvidan los impactos sociales, econ\u00f3micos y culturales. Y entonces, \u00bfqu\u00e9 precio le pones al r\u00edo, a nuestra cultura?\u201d, se pregunta.<\/p>\n<p><strong>Represas y extractivismo<\/strong><\/p>\n<p>Colombia no es una excepci\u00f3n. En Brasil hay medio centenar de represas proyectadas en la selva amaz\u00f3nica. La mayor de ellas se ha convertido en todo un s\u00edmbolo: Belo Monte, una megaobra que, encabezada por un consorcio de empresas entre las que se encuentra capital espa\u00f1ol, pretende construir una de las tres mayores hidroel\u00e9ctricas del mundo. El proyecto, que data de tiempos de la dictadura militar y que ha contado con el firme apoyo de los presidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff, ha sobrevivido pese a los m\u00faltiples procesos judiciales, a la resistencia de los pueblos ind\u00edgenas y a una opini\u00f3n p\u00fablica en contra no s\u00f3lo en Brasil sino en el resto del mundo: incluso caras famosas, como Sting y David Cameron, pusieron rostro a ese rechazo. Belo Monte es s\u00f3lo una, la mayor y m\u00e1s simb\u00f3lica, de las decenas de represas que el Gobierno brasile\u00f1o tiene pensado levantar en la mayor selva tropical del planeta. Al otro extremo del continente suramericano, en otro ecosistema \u00fanico y vulnerable como es la Patagonia chilena, Enel Endesa, a trav\u00e9s de su filial chilena Enersis, proyecta construir cinco grandes represas.<\/p>\n<p>Al tiempo que las grandes centrales hidroel\u00e9ctricas comienzan a ser cuestionadas en Europa por sus consecuencias sobre los ciclos h\u00eddricos y los ecosistemas, en Am\u00e9rica Latina estos modernos dinosaurios est\u00e1n m\u00e1s de moda que nunca. Se proyectan grandes represas en serie, como las once centrales que Hydrochina pretende construir sobre el r\u00edo Magdalena, y tambi\u00e9n microcentrales, como las de la regi\u00f3n colombiana de Sumapaz. Gobernantes y empresarios defienden estos proyectos aludiendo a la soberan\u00eda y la seguridad energ\u00e9tica de los estados y, en definitiva, las necesidades del progreso. Un buen n\u00famero de organizaciones y movimientos sociales consultados aportan otra visi\u00f3n: las represas se construyen para satisfacer las necesidades del modelo extractivista \u2013principalmente de la miner\u00eda, muy demandante de energ\u00eda barata- y no las de la poblaci\u00f3n local. Lo cierto es que, en Colombia, las industrias pagan, como media, 100 pesos por KW\/h, mientras los ciudadanos de bajos recursos abonan unos 350 pesos.<\/p>\n<p>El extractivismo se presenta como el \u00fanico camino posible para el desarrollo en toda Am\u00e9rica Latina. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, ha definido ese modelo en una expresi\u00f3n que el Gobierno repite sin cesar: la \u201clocomotora minero-energ\u00e9tica\u201d debe tirar de la econom\u00eda del pa\u00eds. La miner\u00eda, la explotaci\u00f3n de hidrocarburos y la instalaci\u00f3n de centrales hidroel\u00e9ctricas se suma as\u00ed al monocultivo de caf\u00e9 o ca\u00f1a, consagrado a la exportaci\u00f3n, en el contexto del modelo extractivo que se ha generalizado en todo el continente. \u201cEl Huila es la puerta de entrada a la Amazonia. Los recursos m\u00e1s importantes est\u00e1n en el sur\u201d, recuerda el profesor Miller Duss\u00e1n. En Caquet\u00e1 o Putumayo se encuentran importantes reservas de oro, colt\u00e1n, petr\u00f3leo. El suroccidente y el sur colombiano son espacios de disputa y, cada vez m\u00e1s, las comunidades locales se organizan para defender lo que para ellos no es sino vulneraci\u00f3n de sus derechos. No sin riesgos\u2026<\/p>\n<p><strong>Cuando defender el r\u00edo cuesta la vida<\/strong><\/p>\n<p>En Colombia no pocos saben que los cr\u00edticos con el sistema corren peligro de muerte y, por si a alguien se le olvida, las intimidaciones y amenazas son moneda com\u00fan. En Cali, en la sede de la Asociaci\u00f3n para la Acci\u00f3n Social Nomadesc, Olga Araujo me habla de la violencia que acompa\u00f1\u00f3 la construcci\u00f3n de la represa de la Salvajina. \u201cLas autoridades militarizaron el territorio, quemaron casas y cultivos, y hubo desaparecidos. Hoy, en la comunidad de La Toma, los activistas se han acostumbrado a las amenazas y a llevar chaleco protector. A quienes osan defender su territorio, se les acusa de ser opositores al desarrollo. \u201cNos dicen que no permitimos el progreso, y lo que quieren es saquear las riquezas que hay en nuestro territorio\u201d, afirma Alfredo Campos, director de la emisora ind\u00edgena del municipio de Morales, en el Cauca.<\/p>\n<p>De Cali, la tercera ciudad m\u00e1s importante de Colombia y eje del suroccidente del pa\u00eds, viajamos a Popay\u00e1n, la capital del departamento del Cauca. Es una ciudad tranquila, de arquitectura colonial, de esas con edificios muy blancos y muchas plazas p\u00fablicas. All\u00ed, en la sede del CRIC, nos atiende Mart\u00edn Vidal, que se encarga de cuestiones territoriales en el cabildo ind\u00edgena. Mart\u00edn pone el dedo en la llaga: \u201cLas comunidades ind\u00edgenas, campesinas y afrodescendientes son los sectores abandonados, que sufren las peores consecuencias del modelo econ\u00f3mico. La poblaci\u00f3n rural es la gran v\u00edctima del sistema, y el problema de fondo en Colombia es el acceso a la tierra\u201d, afirma. Los n\u00fameros respaldan sus palabras: Colombia sigue siendo uno de los pa\u00edses m\u00e1s latifundistas del planeta. La concentraci\u00f3n de la tierra alcanza un sorprendente \u00edndice Gini del 0,87. El acaparamiento de tierras avanza al ritmo de los megaproyectos mineros o hidroel\u00e9ctricos, que, necesariamente, le roban tierras productivas al campo. Por eso se rebelan las comunidades ind\u00edgenas y campesinas, y, frente a esos procesos de resistencia, \u201clos poderosos utilizan la estrategia de la divisi\u00f3n, la confrontaci\u00f3n inter\u00e9tnica, la divisi\u00f3n de las comunidades. Las multinacionales ofrecen prebendas y cooptan a los l\u00edderes comunitarios, mientras el Estado mira hacia otro lado\u201d, sostiene Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Si los intentos de cooptaci\u00f3n y divisi\u00f3n no dan los frutos deseados, la v\u00eda es la violencia. En el Huila, el profesor Duss\u00e1n ha recibido amenazas por su labor en Asoquimbo, y un joven oriundo de Gigante, Bladimir S\u00e1nchez, ha tenido que abandonar su tierra por las amenazas que ha recibido a ra\u00edz de su labor documental. Hace unos meses, en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del Estado, otro vecino perdi\u00f3 un ojo. Con todo, el Huila no es de las zonas m\u00e1s violentas de Colombia: s\u00ed lo es el departamento de Antioquia. All\u00ed, el 17 de septiembre, mataron a balazos a Nelson Giraldo Posada, l\u00edder del Movimiento R\u00edos Vivos, que defend\u00eda al medio centenar de personas afectadas por la central de Hidroituango. En la Costa Atl\u00e1ntica, en Barranquilla, varios activistas sociales han dado cuenta de amenazas de personas desconocidas y armadas en barrios de bajos recursos.<\/p>\n<p>No es ninguna novedad que, en Colombia, defender los derechos humanos es una actividad de alto riesgo. En el primer semestre de 2013, cada d\u00eda fue agredido un activista y cada cuatro d\u00edas uno de ellos fue asesinado, seg\u00fan un informe del programa Somos Defensores. Hubo 153 agresiones y 37 l\u00edderes fueron extrerminados. En seis meses. En Colombia la violencia atraviesa la pol\u00edtica desde hace m\u00e1s de medio siglo. El Grupo de Memoria Hist\u00f3rica (GMH) cuantifica en 200.000 las muertes provocadas por el conflicto en Colombia en el \u00faltimo medio siglo. Pero el conflicto armado es s\u00f3lo una parte del conflicto social, que precede en el tiempo al levantamiento en armas de las guerrillas, y que se resume en una palabra: desigualdad.<\/p>\n<p>\u201cLos paralimitares tienen funciones de control territorial\u201d, sostiene Dora Lucy Arias, del Colectivo de Abogados Jos\u00e9 Alvear Restrepo (CCAJAR), uno de los m\u00e1s beligerantes contra la violencia paraestatal en Colombia. En Colombia se denomina paramilitares a los grupos armados ilegales de extrema derecha, que se denominaron a s\u00ed mismos autodefensas, y que generalmente est\u00e1n ligados al narcotr\u00e1fico. Comenzaron a cobrar fuerza en Colombia en los a\u00f1os 80 y alcanzaron su \u00e9poca de mayor auge en tiempos de Uribe V\u00e9lez. En 2006, tras la supuesta desmovilizaci\u00f3n de estos grupos, se revelaron v\u00ednculos entre paramilitares y pol\u00edticos; se generaliz\u00f3 el t\u00e9rmino parapol\u00edtica para definir esas amistades peligrosas. Los grupos que antes conformaban las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) hoy se denominan bacrim (bandas criminales). Seg\u00fan CCAJAR y otras organizaciones de derechos humanos, conservan el control sobre vastos territorios del pa\u00eds, aunque la parapol\u00edtica es ahora menos visible.<\/p>\n<p>La abogada Dora Lucy Arias vincula la violencia ejercida contra los desplazados en Colombia con lo que el intelectual brit\u00e1nico David Harvey llam\u00f3 acumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n, esto es, el despojo de pueblos enteros para satisfacer las necesidades del sistema de acumular capital. Este proceso se da \u201cpor la imposici\u00f3n de la fuerza: a trav\u00e9s de los actores armados, pero tambi\u00e9n de las leyes\u201d y a trav\u00e9s de esa coerci\u00f3n, las elites \u201csocavan la dignidad de los pueblos: les quitan su narrativa\u201d, a\u00f1ade la letrada.<\/p>\n<p><strong>Multinacionales frente al conflicto armado<\/strong><\/p>\n<p>&#8220;La violencia se asumi\u00f3 en Colombia como parte del modelo de desarrollo econ\u00f3mico: cada transformaci\u00f3n significativa del modelo econ\u00f3mico vino acompa\u00f1ada de un ciclo de violencia\u201d, sostiene el polit\u00f3logo Carlos Medina Gallego, profesor de la Universidad Nacional. En su opini\u00f3n, desde los a\u00f1os 80 Colombia vive un ciclo de violencia destinado a consolidar el modelo extractivista en Am\u00e9rica Latina: una econom\u00eda basada en la exportaci\u00f3n de materias primas y recursos naturales se convierte en el eje de econom\u00edas de la regi\u00f3n. En este contexto, \u201cempresarios y latifundistas requieren de un nuevo ciclo de violencia para posibilitar la apropiaci\u00f3n del territorio y sus recursos\u201d, explica el profesor Medina. Es la \u00e9poca en que llega masivamente el capital extranjero y, paralelamente, los grupos armados \u2013principalmente, los paramilitares- comienzan a presionar en los territorios con muertes y amenazas. El resultado es aterrador: en 20 a\u00f1os, entre 4,5 y 5,5 millones de habitantes \u2013el 10% de los 46 millones de colombianos- fueron desplazados mientras se impon\u00eda la cultura del miedo. La gran mayor\u00eda eran peque\u00f1os campesinos que dejaron tras de s\u00ed alrededor de seis millones de hect\u00e1reas de tierra productiva de la que se apropiaron terratenientes y paramilitares. Para el discurso oficial, los desplazados son producto del fuego cruzado entre guerrilleros, militares y paramilitares. Los movimientos sociales hacen la lectura inversa: se ha generado un escenario de guerra y miedo, precisamente, para obligar a huir a los campesinos y despojarlos as\u00ed de sus tierras.<\/p>\n<p>En Colombia se entremezcla la acci\u00f3n de diversos actores armados: grupos insurgentes, fuerzas armadas, paramilitares; cada uno de ellos, a su vez, mantiene nexos con los narcotraficantes. En este complejo escenario, resulta dif\u00edcil discernir la implicaci\u00f3n de las empresas transnacionales en el conflicto. Para Pedro Ramiro, que investig\u00f3 las operaciones de Repsol en el Arauca colombiano, parece obvio: \u201cComo m\u00ednimo, comparten intereses: las empresas se benefician de la acci\u00f3n de las fuerzas armadas y los paramilitares\u201d. Por su parte, el senador Robledo recuerda que \u201cel Ej\u00e9rcito protege oleoductos e infraestructuras: es una pol\u00edtica de Estado\u201d que conforma uno de esos pilares sobre los que se asienta la atracci\u00f3n de IED hacia Colombia. Seguridad democr\u00e1tica, lo llam\u00f3 \u00c1lvaro Uribe.<\/p>\n<p>En algunos pocos casos se han encontrado m\u00e1s evidencias: se sabe que la bananera Chiquita Brands \u2013antigua United Fruit Company- transportaba armas en sus barcos. En 2007, el paramilitar y narcotraficante desmovilizado Salvatore Mancuso arm\u00f3 un gran revuelo al acusar a un buen pu\u00f1ado de grandes empresas extranjeras y colombianas, entre ellas Chiquita, de financiar a los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En 2008, Mancuso fue extraditado a Estados Unidos y, como \u00e9l, otros exdirigentes paramilitares se encuentran extraditados o incomunicados.<\/p>\n<p>El Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) intenta erigirse como una alternativa frente a la dificultad de que depurar las responsabilidades. En sus tres \u00faltimas sesiones, celebradas entre 2006 y 2010, la actuaci\u00f3n de las transnacionales espa\u00f1olas en Am\u00e9rica Latina \u2013especialmente, Uni\u00f3n Fenosa y Repsol- tuvo un gran protagonismo. Lo que intenta demostrar el TPP es que estas denuncias no suponen casos aislados, sino que responden a un \u201cpatr\u00f3n de conducta global\u201d que incluye violaciones de derechos humanos, inaccesibilidad a servicios b\u00e1sicos y deterioro de las relaciones laborales. Las transnacionales se apoyan en un marco legal global muy favorable, impulsado por organismos internacionales como el FMI, la Organizaci\u00f3n Mundial del Comercio y el Banco Mundial. Reciben, tambi\u00e9n, el apoyo de los estados que reciben la IED y de los estados donde est\u00e1 la matriz de la multinacional.<\/p>\n<p>Colombia es, en muchos sentidos, el caso m\u00e1s extremo de un modelo de desarrollo que se expande por todo el continente latinoamericano. Un modelo que expulsa a los campesinos hacia las favelas de las periferias urbanas y que encuentra su raz\u00f3n de ser en la depredaci\u00f3n de los recursos naturales. Las comunidades ind\u00edgenas y campesinas denuncian la violencia que sufren a lo largo y ancho del continente, pero en Colombia esa violencia se destaca por su brutalidad y cotidianeidad. No por ello los poderosos han conseguido imponer su ley del silencio: Colombia pasa por un momento de agitaci\u00f3n social como no viv\u00eda desde los a\u00f1os 80. En El Quimbo, en la Salvajina, por todo el pa\u00eds los pueblos organizan sus resistencias. Como casi siempre, la otra cara de la miseria es la esperanza.<\/p>\n<p><strong>Nazaret Castro<\/strong> es periodista y vive desde hace cinco a\u00f1os en Am\u00e9rica Latina. Este art\u00edculo forma parte de la investigaci\u00f3n Cara y cruz de las multinacionales espa\u00f1olas en Am\u00e9rica Latina, financiado por los lectores de FronteraD a trav\u00e9s de un crodwfunding en la plataforma Goteo. En FronteraD ha publicado reportajes como Una flor en medio del asfalto, La matanza de Carandiru o La sociedad carioca, en estado de apartheid, y mantiene el blog Entre la samba y el tango.<\/p>\n<p>Fuente: http:\/\/www.fronterad.com\/?q=grandeza-y-miserias-rio-magdalena-desembarco-multinacionales-espanolas-en-colombia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-428\" src=\"https:\/\/cedins.rf.gd\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2014\/01\/Colombia.jpg\" border=\"0\" width=\"259\" height=\"366\" style=\"margin: 2px; border: 2px solid black; float: left;\" \/>Por: Nazareth Castro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es el m\u00e1s largo ni el m\u00e1s caudaloso, pero el Magdalena es, con sus m\u00e1s de 1.500 kil\u00f3metros, la principal arteria fluvial de Colombia. El r\u00edo que inspir\u00f3 a Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez para escribir novelas como El amor en los tiempos del c\u00f3lera recorre el pa\u00eds de sur a norte, desde el Macizo Colombiano hasta el mar Caribe. El Gran R\u00edo de la Magdalena acoge a sus orillas multitud de poblaciones que recuerdan los tiempos en que el r\u00edo, navegable, era un medio fundamental de comunicaci\u00f3n y un elemento central para el desarrollo del pa\u00eds. Es m\u00e1s que un r\u00edo: es un s\u00edmbolo nacional. El \u201cR\u00edo de la Patria\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerca todav\u00eda del nacimiento del Magdalena, en el departamento (provincia) del Huila, se encuentra La Jagua, un pueblo de calles empedradas y solitarias, de esos en que el tiempo parece detenerse. Es un pueblo tranquilo, de poco m\u00e1s de mil habitantes, al que acuden visitantes atra\u00eddos por la antig\u00fcedad de sus casas coloniales y por su riqueza cultural de ra\u00edces ind\u00edgenas. Es tambi\u00e9n, dicen, un pueblo de brujas. Cuenta la leyenda que son de dos tipos: hechiceras o voladoras. 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