Por el cierre del Botadero Doña Juana

En el parque del barrio San Joaquín, mientras leo un libro, escucho esta singular conversación entre dos vecinas:

- Mi nombre es Juana y soy vecina del “Doña Juana”. ¡Soy una buena vecina! Vivo en Ciudad Bolívar desde antes que por estos lados llegara el relleno.

- ¿Y Señora Juana usted porque quiere cerrar Doña Juana?

- Quiero cerrar el botadero porque me cansé de las comparaciones malintencionadas que me hace la gente. Yo mantengo mi casa arreglada, en orden y de cuando en cuando le hago retoques para que no se me agriete, ni se dañe, a diferencia de lo que al parecer pasa allá arriba en “Doña Juana”. No es mi responsabilidad el “mal manejo” que durante años se le ha dado al botadero de la ciudad.

Cuando aquí llegaron los ingenieros decían que se construiría un relleno sanitario con toda la tecnología y quienes vivíamos en la zona tendríamos garantías para que no nos viéramos perjudicados. En ese entonces el lote que ocupaba el relleno no era tan grande y los gobiernos de turno dijeron que tocaba destinar un sitio para los residuos de la ciudad porque ya no se tenía más espacio ni en el Cortijo (eso es en la vía a Medellín) ni en Gibraltar (que queda en Patio Bonito), que era a donde antes se llevaba la basura.

En ese entonces no éramos tantos los habitantes de la ciudad; como ahora que ya somos millones, pero se suponía que ese crecimiento también lo sabían los ingenieros.

-Pero ¿cuáles son los problemas del tal relleno?

- Al principio ni entendía lo de los lixiviados, que los gases, que la vida útil, que una cosa que la otra, pero lo que si sospechaba es que eso se tenía que reglamentar, o sino ¿por qué tanto revuelo? Es que eso de ser la vecina del “Doña Juana” no es nada fácil o sino ¿por qué es que nadie lo quiere cerca? Pero como aquí tenemos menos poder, pues nos lo impusieron.

Hemos vivido malas experiencias desde que llego este vecino en el años 1988; lo primero tener que lidiar con tanta rata y tanta mosca -esos a los que se llaman vectores-, tener que soportar el mal olor todo el tiempo, aun después de hacer aseo en la casa; ver como poco a poco el agua del río se va contaminando, como van llegando con la basura también otros vecinos –perros, marranos, chulos- y más gente y más basura, porque a medida que la ciudad crece así mismito se aumentan las cantidades de basura que llegan a diario por aquí. Los expertos dicen que son 6.200 toneladas ¡diarias!

Y, para que lo vaya sabiendo, ahora salen con que hasta el 2030 se puede seguir usando, sin importar que llevamos muchos años siendo buenos vecinos de un relleno que no han sabido manejar. Yo creo que podrían llevárselo -a ver si encuentran tan pacientes vecinos en otro lugar- y dejar por aquí un espacio verde en el que podamos disfrutar de canchas, parques y hasta de una pista de patinaje y así saldar la deuda ambiental y social que se tiene con esta comunidad.

-Ay Juana, para que se lo lleven toca seguir organizándonos y luchando. Ya entiendo porque para este domingo están convocando una asamblea comunitaria por el cierre definitivo de Doña Juana. Allá nos vemos, en el barrio La Aurora, invite a todas sus vecinas y vecinos.