La disputa por el modelo de ciudad

Por: Stacy Johana Téllez Chávez y Natalia González Rodríguez

Equipo de Ciudad - Cedins

Los movimientos populares han convocado a un Paro Nacional que inicia el 30 de mayo. En esta nueva jornada de lucha las propuestas y reivindicaciones urbanas deberán tener mayor centralidad, para lo cual es necesario retomar la idea fundamental de disputar la ciudad como totalidad; el modelo es lo que está en juego, más aún cuando Peñalosa amenaza con arrasar territorios y empresas públicas que son patrimonio de todos y todas.

1. EL VIEJO DEBATE DE LA PLANIFICACIÓN URBANA

La planeación urbana en Bogotá se ha visto marcada por las necesidades inmediatas de la construcción de la ciudad, siendo  evidente ver un desplazamiento pausado hacia las periferias desde el centro de la ciudad, efecto generado por un prototipo de calidad de vida de las clases media y alta que ha definido el trazo urbano característico de Bogotá.

Para poder entender estas dinámicas debemos remontarnos a su proyección de desarrollo desde sus inicios; se trata de un tema histórico y social que viene desde la colonización en 1538 cuando se adopta una forma de solucionar las problemáticas inmediatas, sin pensar en una verdadera planeación; y es en esta práctica donde encontramos un común de todas deficiencias de infraestructura de la ciudad. Cada año se planea una reforma, política o ley que solucione algún inconveniente puntual que se presenta en la ciudad, pero estas políticas no captan el panorama general, no ven las afectaciones de una decisión tomada sobre algún punto o territorio de la ciudad, tampoco se tiene en cuenta el crecimiento poblacional progresivo de la ciudad, ni cómo puede esto afectar el funcionamiento de cada sector y menos aún los impactos sociales de las políticas.

Esta forma de actuar sobre la ciudad, representada en los intereses de las clases hegemónicas que materializan un modelo, permiten ver  que  ciertas zonas de la ciudad se han convertido en espacios alejados y marginados, en donde se ubica con prioridad la vivienda popular como lo son Usme, Tunjuelito, Ciudad Bolívar,  Bosa y Suba. Solución que se compagina con la construcción de ciudad desde las clases populares , las cuales se afirman al apropiarse de la periferia porque es más sencillo asentarse en zonas de menor atención; poco a poco la expansión parece ser “inevitable”.

Ahora bien, al pensar un modelo de ciudad no puede ser basado totalmente en políticas y acciones que pudieron funcionar en ciudades con características similares, puesto que somos culturas completamente diferentes; lo que sería sensato hacer es un análisis histórico de la evolución de la ciudad y analizar cuáles son los patrones que rigen este sistema de crecimiento y siempre pensar a largo plazo, una visualización de cómo puede verse la ciudad en 10, 20 o 40 años para pensar en generar cambios que funcionen para habitantes y entes territoriales para hacer una ciudad donde se pueda vivir y acceder a los derechos. Por eso el debate sobre lo expandido o compacto es distinto en cada ciudad.

En ese sentido para revisar la propuesta de densificación urbana, se debe tener presente que el mayor beneficio es evitar la conurbación con los municipios aledaños, no para segregarlos sino para mantener un nivel de compactación que pueda mejorar la calidad de vida de los bogotanos, con la finalidad de reducir la necesidad de movilidad en trayectos excesivamente largos, de proveer mayor tiempo valioso con la cercanía de vivienda, educación, empleo y recreación, que serían postulados de un modelo de ciudad ideal.

Crear un centro solidificado ha generado decretos y posibilidades particulares, referenciándose en modelos de ciudad tipo núcleo en donde la infraestructura se hace la base primordial de la construcción de ciudad y que requiere de un especial cuidado. Para permitir una obra de impacto urbano el estado no solo debe remitirse a crear leyes y ver que se cumplan, sino que debe velar por que ese espacio, sea privado o público, responda a las características del lugar y sus habitantes; se trata de hacer un estudio con la comunidad y verificar que se trata de espacios que van a crear identidad, espacios en los que la población se va a apropiar con su cultura y aportará al desarrollo de la misma, es allí donde podemos solventar los problemas sociales como seguridad, educación y trabajo, y ahí es donde la planificación entra a jugar este importante papel: direccionar la trasformación de la ciudad de manera integral (teniendo en cuenta todos los campos que afectan a la colectividad civil tanto tangibles como intangibles).  

2. MODELO DE CIUDAD PARA BOGOTÁ

Aunque el concepto de renovación urbana en la historia de las ciudades latinoamericanas se remite a una operación buldócer que arrasa con la construcción física y social del espacio  con el fin de “embellecer” el territorio para hacerlo más atractivo a la inversión (1), no podemos desconocer que Bogotá ha crecido desmedidamente, razón por la que entendemos la necesidad de modificar lo existente siempre y cuando se haga en pro de un equilibrio socio-espacial, cultural y ambiental.

Sin embargo, sabiendo que el retorno de lo público como centralidad, se ve estancado nuevamente en esta administración de Enrique Peñaloza, quien estrecha reiteradamente los lazos con el sector privado, hablar de renovación urbana tiende a ser un arma de doble filo. Por un lado con la derogación del decreto 562 de 2014 se da lugar a la expansión de la ciudad, proceso que favorece al sector inmobiliario, por tratarse de la construcción de vivienda nueva (VIS en la mayoría de los casos) y desfavorece a las clases populares al situarlos cada vez más lejos de los centros de producción y de servicios. Pero por otro lado, si se continúa con dicho decreto que formula la redensificación del centro ampliado a través de la renovación urbana, se favorece también el sector inmobiliario gracias a la especulación inmobiliaria en lugares con mayor valorización predial, una vez hecha la expulsión de los habitantes actuales, se favorece la ciudad en términos de imagen por la tendencia capitalista a la densificación en altura y se desfavorece gran parte de la población residente del centro (estratos bajos) al ser expulsados de sus territorios sin garantías de reubicación, remuneración o acceso a los nuevos proyectos.

Es en este sentido donde toma fuerza sobre la forma y el contenido de la ciudad.

Hablar de una ciudad compacta no necesariamente es hablar de rascacielos de acceso privilegiado, como el BD Bakatá; hablamos por el contrario de una ciudad redistribuida espacialmente de manera equitativa en términos de usos diversos del suelo y alturas medias. En ese sentido es plausible la densificación del centro por manzana, no por micro-territorios, como se ha venido planteando (2), puesto que la ciudad requiere una redistribución espacial para equilibrar las densidades poblacionales, que hoy se concentran en las localidades de la periferia de la ciudad (3); sin embargo debemos preguntarnos ¿De qué manera? y no es una pregunta que deben responder solamente los entes técnicos como Planeación Distrital o la Secretaría de Hábitat, es una pregunta que se formula y se resuelve contando con una participación multidimensional (López, 2011): es decir los expertos, reguladores y comunidades trabajando para resolver problemas socio-espaciales y así mismo fortalecer las dinámicas organizativas propias de las comunidades. No se trata entonces de jerarquizar la participación en la formulación y ejecución de políticas y proyectos, se trata de garantizar el derecho a la ciudad para quienes experimentan y transforman el espacio urbano desde su cotidianidad (Lefebvre, 1978).

En este sentido, las comunidades alzan la voz en exigencia a dicho derecho en la propuesta de densificación de la ciudad – no necesariamente en altura-, y decimos que vivir en el centro debe garantizar vivir en un territorio diverso e integral en el que:

1. No se expulse a los residentes actuales hacia la periferia; por el contrario que se garantice su permanencia en el territorio desde su participación en los nuevos proyectos de vivienda.

2. No se segregue ni espacial ni socialmente a las comunidades por su clase social ni a sus micro-territorios por su deterioro físico y social.

3. Haya fácil acceso a vivienda de calidad (no la que cuenta con los espacios mínimos para la sobrevivencia), que cuente con todos los servicios públicos, que esté ubicada a menos de 40 minutos del lugar de trabajo y de estudio. Por tanto ésta debe tener la posibilidad de ubicarse en cualquier parte del territorio sin tener en cuenta la pertenencia a ciertas clases sociales.

4. Tenga la posibilidad de caminar hasta los servicios complementarios a la vivienda como equipamientos culturales, centros de salud, espacios de esparcimiento y recreación, comercio de bajo impacto (tiendas, famas, papelerías, panaderías, restaurantes, entre otros)

5. Exista acceso al transporte público desde el lugar de residencia hacia el lugar de trabajo, de estudio, de recreación.

6. Pueda acceder todo tipo de persona (embarazadas, niños, personas con discapacidad, adulto mayor, hombres, mujeres)

7. Contenga espacios que promuevan la organización comunitaria y su participación en la transformación de su territorio.

En conclusión el decreto 562 de 2014 debería ser modificado en vía de una construcción colectiva del mismo, en la que participen los residentes de cada micro-territorio del centro, los expertos y los entes reguladores, midiendo y teniendo en cuenta las consecuencias socio- espaciales que genera cada transformación urbana y arquitectónica con el fin de garantizar el derecho a la ciudad que exigen las comunidades. Así mismo, deben aumentarse las contraprestaciones de los procesos de renovación urbana, pero no solo para reinvertirse en mejora del espacio público como lo menciona Gerardo Ardila (4), por el contrario debe invertirse en soluciones habitacionales con acceso a los servicios mencionados anteriormente.

NOTAS

(1) Renovación urbana en manzana 5, Bogotá: Se desaloja a las personas que habitaron por años dicho lugar sin garantías de vida en su reubicación o por lo menos en su remuneración por el predio que le ha sido enajenado.

(2) En el caso del proyecto Ministerios, el plan parcial San Bernardo Tercer Milenio, el plan parcial Estación Central, entre otros.

(3) El mayor número de habitantes en Bogotá se encuentra en las localidades ubicadas hacia la periferia de la ciudad, territorios que se ven afectados hoy por problemas de hacinamiento, congestión vehicular, grandes distancias hasta el lugar de trabajo, grandes distancias hacia el lugar de estudio, homicidios, violencia, entre muchos otros. Disponible en  http://www.sdp.gov.co/portal/page/portal/PortalSDP/InformacionTomaDecisiones/Estadisticas/RelojDePoblacion

(4) Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=K2BhGaRONGY

REFERENCIAS

LOPEZ, Miguel. Dimensiones múltiples de la participación ciudadana en la planificación espacial. Madrid. 2011.
LEFEBVRE, Henri. El derecho a la ciudad. 1978.