Entre calles y habitantes: radiografía del deterioro urbano en San Bernardo

Equipo de Ciudad CEDINS

San Bernardo es uno de los primeros barrios de la ciudad de Bogotá. En sus inicios eran un mismo territorio con Las Cruces, pero con la inauguración del Instituto San Bernardo se dividen y el territorio ahora comprende desde la calle 6 hasta la calle 1, en sentido norte- sur, y entre carreras décima y caracas en sentido oriente- occidente. Representa una de las configuraciones barriales más dinámicas de la ciudad, pues históricamente ha estado habitado por los sectores populares que configuran el territorio Bogotano, haciendo parte de la construcción de esa ciudad auto producida, convirtiéndose en un hito de resistencia de lo que se conoció como movimiento cívico popular. Como referente más inmediato y como producto de estas luchas se consolidó un tejido con un sentido de pertenencia y vecindad basado en la solidaridad y las apuestas colectivas.

 

Hablar hoy de San Bernardo genera imaginarios y opiniones negativas. El barrio, -cuyo nombre es de origen católico-, es epicentro de numerosos problemas que bien podrían presentarse como la reproducción a pequeña escala de la realidad nacional: pobreza, inequidad, segregación, desempleo, informalidad, inseguridad, indigencia, micro-tráfico y violencia. Sin embargo, no deja de ser un barrio visible para los ojos de la planificación urbana, pues allí se concentra la especulación inmobiliaria reflejada en siete planes parciales de renovación urbana, entre los que se encuentran San Bernardo - ciudad salud y San Bernardo – Ministerios, en una agresiva perspectiva de comercialización de la ciudad.

Los efectos, desde el punto de vista urbanístico no se hacen esperar, pues el deterioro (¿inducido?) al que se ha visto sometido en los últimos años muestra la falta de planificación y de presencia institucional; los diversos usos del suelo, que van desde la adecuación de casas para la pequeña empresa (funerarias, carpinterías, vidrierías, restaurantes, tiendas y almacenes de muebles), pasando por el inquilinato y hacinamiento de población indígena desplazada, hasta el acondicionamiento para el expendio y consumo de drogas, demuestran el fracaso que han tenido las políticas públicas con un entorno donde tradicionalmente ha residido una población de escasos recursos. El efecto para éstos habitantes ha sido la paulatina pauperización de sus modos de vida, hasta el punto en que hoy en día los niños se ven obligados a jugar entre el humo del bazuco y las basuras botadas en las calles sin control alguno.

Sus habitantes viven  entre varias racionalidades: quienes son dueños de predios y los habitan y buscan construir una identidad con el territorio; los dueños de almacenes de ventas de muebles, que buscan un lugar para desarrollar la actividad; las ollas del norte del barrio que imponen sus dinámicas de consumo y comercio y las dinámicas de seguridad impotentes y/o complacientes que la administración local y distrital desarrolla en este espacio.

Cada una tiene su lugar en el barrio: al sur está el colegio San Bernardo, la Iglesia de nuestra Señora de Los Dolores; sobre la décima se asientan los comerciantes de muebles, sobre la Caracas y al interior del barrio la zona residencial y al norte las ollas de droga. Esta territorialización convive en un escenario rodeado de importantes instituciones: la policía en la calle sexta con caracas, los hospitales de la Misericordia, Hortúa y San Juan de Dios, el Palacio de Nariño al nor oriente.

De sur a norte es posible reconocer un barrio con dotaciones físicas y sociales de características populares; las tradicionales tiendas, ventas de muebles y equipamentos urbanos. De norte a sur un desplazamiento de las ollas de consumo que buscan imponer lo que han perdido por las intervenciones del Estado en otras áreas cercanas.

De oriente a occidente es la intervención urbana, como amenaza del modernismo frente a lo que fue un lugar de referencia histórica. De occidente a oriente, se evidencia las marcas de la nueva densificación que viene en camino e impone un orden del mercado y de una ciudad que en los discursos habla de un futurismo ajeno de sus habitantes, pero adulada con posibilidades de un centro “cerca de todo”.

Y a su vez, un patrimonio arquitectónico construido que ve con el pasar de los años la forma en que el abandono se arraiga como una bomba de tiempo, y aunque exista una normativa que protege y exige la conservación de Bienes de Interés Cultural, parece no ser el caso para un barrio que ha tenido que soportar la carga de no pertenecer a la delimitación oficial del Centro Histórico, con lo cual se da un tiro de gracia a la historia de un entorno trascendental para el desarrollo urbano de la ciudad. Inmuebles de arquitectura republicana de fachadas percudidas por el deterioro y el abandono, viviendas subutilizadas como es el caso de inquilinatos en edificios de los años 60’s, casas a la venta así como fachadas limpias y bien mantenidas, características que perfectamente se concentran en una misma calle.

El asunto se torna más preocupante si miramos la proyección institucional, pues en el marco del Plan Zonal del Centro, el mega proyecto Ciudad Salud ha destinado a San Bernardo como área de renovación urbana por medio de intervenciones que generen unidades habitacionales y servicios hoteleros de gran nivel con la suficiente capacidad de carga para los pacientes de los distintos institutos de salud público-privados. Al mismo tiempo, la construcción de una de las estaciones del Metro, cuyo impacto sobre las plusvalías serán considerables a tal punto que aquellos propietarios/as que no tengan la capacidad de pagar dichas tasas de impuestos por valorización, seguramente tendrán que vender sus inmuebles, junto con los que serán expropiados por estar ubicados en las zonas de intervención.

El efecto de la ventana rota, expresión muy conocida en el ámbito académico y urbanístico, implica la manifestación de una serie de eventos nocivos para el barrio, donde una ventana rota no reparada, genera el rompimiento de otra, y así sucesivamente hasta que el barrio se degrada y vandaliza, llegando redes delincuenciales a cuadras donde antes residían familias, generando expulsiones por medio de la fuerza o la extorsión.
 
En San Bernardo la gentrificación, como proceso, supera la clásica referencia del término donde los ricos expulsan a los pobres, presentando una serie de etapas sin las cuales no podrían entenderse los resultados finales: expulsión, desplazamiento y re-cambio poblacional. Nos referimos al abandono, la estigmatización, la especulación, el encarecimiento, la expulsión y su consecuente comercialización hacia nuevos sectores socio-económicos. Es necesario reflexionar acerca del abandono y estigmatización en el que se encuentra hoy en día San Bernardo, donde aún persisten moradores tradicionales que han visto con el paso de los años los efectos de la ventana rota o la cartuchización producto del proyecto Parque Tercer Milenio.

Sin lugar a dudas el ordenamiento y la planeación participativa son deudas de los gobiernos de izquierda en la ciudad. Emilio Pradilla (2012) nos explica que el ¨rescate¨ de los centros históricos de las metrópolis en América Latina hoy en día se ejerce en pro del turismo y no hacia el mejoramiento de la calidad de vida de sus residentes tradicionales, y pregunta si “¿Es ese su destino irremediable, su único futuro posible? Organizaciones y colectivos de habitantes y comerciantes que actualmente están en resistencia frente a los distintos mega-proyectos de la ciudad seguramente coincidirían en que no es irreversible siempre y cuando existan acciones integrales en clave del derecho a la ciudad y el derecho a los centros históricos. Revitalización participativa e incluyente; renovación urbana con planeación comunitaria; generación de empleo digno; fomento a la educación pública; garantías en el acceso a la salud; amplias dotaciones en espacio público y equipamientos; reproducción de la memoria colectiva y sus prácticas tradicionales. En definitiva los barrios como territorios donde prime el valor de uso, son aquellos elementos sin los cuales no podría entenderse un verdadero desarrollo urbano.

BIBLIOGRAFIA

Díaz Parra, Ibán (2013). La gentrificación en la cambiante estructura socioespacial de la ciudad, Instituto de Geografía, México: Universidad Autónoma de México

Pradilla, Emilio (2012). “Los centros históricos en las metrópolis de hoy”, en González, Carmen Imelda y Hiemaux, Daniel (Comps) Espacio-temporalidad y prácticas sociales en los centros históricos mexicanos, México: Editorial Universitaria, Universidad Autónoma de Querétaro