Gobiernos progresistas, neo–extractivismo y neo–desarrollismo

Freddy Díaz, Equipo de Tierras CEDINS

Publicado en Desde Abajo, edición de Noviembre de 2016.

Contexto

El extractivismo (1) como dinámica de acumulación de capital se implantó en América Latina desde principios de los 90’s. Llegó a la región de la mano del neo – liberalismo y las reformas institucionales impulsadas por organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, los cuales con “recomendaciones” contenidas en “A Mining Strategy for Latin America and the Caribbean” de 1993,  dieron facilidades a las empresas mineras en temas centrales como la repatriación de ganancias hacia los países de origen de las empresas extractivas, aseguraron las inversiones con políticas de exención de impuestos y flexibilidad laboral y ambiental.

Es así, como da inició el boom extractivo de los 90’s, que continúa hasta nuestros días, motor del modelo neoliberal.  Para el caso de América Latina el extractivismo se apoyó en una agresiva atracción de la Inversión Extranjera Directa -IED-; es así como en países como México, Perú y Colombia, la IED se ha mantenido estable con importantes picos de alza en en años específicos (ver gráfica 1), donde la dinámica de apropiación de riqueza ha sido inmensa.

Gráfica 1 IED cifras en millones de dólares

Fuente: CEPAL(2)

Esta tendencia sólo sufrió tres puntos de inflexión, los cuales coinciden con los años de las tres olas de la crisis, en 2009 se presenta a crisis por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, el segundo de estos entre el 2012 y el 2013, exactamente cuando se presenta la crisis de pagos en Europa, aunque México es el único país en la que no disminuyó la IED y en 2015, se presenta la más reciente ola de la crisis, esta vez producida por la crisis de precios de los commodities, y centrándose esta vez, especialmente, en los países “en vía de desarrollo”. Quiere decir esto que asistimos a un periodo de estabilidad y a la espera, por parte de los inversionistas transnacionales, a que los precios de las materias primas se recuperen, espera que no significa que se deje de extraer.

Lo anterior genera que buena parte del sistema productivo se concentre, extranjerice y privatice, con todas las consecuencias económicas, fiscales, comerciales y socio-ambientales que esto conlleva, por ejemplo, conviertendo a los países receptores en rentistas-extractivistas con economías primario-exportadoras totalmente dependientes del mercado mundial.

Estas cifras no han significado mejoras para la población de estos países. Por ejemplo, México tiene la tasa de ingreso familiar más baja y está en el segundo lugar en la tasa de desigualdad más alta de ingresos dentro de la OCDE; De igual forma, dentro de esta organización México es el país con menor gasto en protección social, lo que equivale al 7.4% del PIB(3), para el caso peruano, las mejoras que se han tenido en el país no corresponden con los altos niveles de IED, así pues, en las zonas donde más se explotan bienes naturales (Cajamarca, Huancavelica y Apurímac), a 2014 el porcentaje nacional de población con al menos una Necesidad Básica Insatisfecha NBI era de 20.5%, mientras que en estas zonas era de 27.8%, 36.3% y 22.2% respectivamente.

Frente al caso colombiano, algunos datos demuestran como el desarrollo llegó sólo como un discurso pues el 33% de los habitantes de los municipios que se ubican en el área de influencia de El Cerrejón y Drummond vive en condiciones de miseria cuando a nivel nacional este índice es igual a 12%. En los municipios donde se desarrolla gran minería de carbón el índice NBI es de 56% mientras que el promedio nacional es de 29% (Rudas, 2012). En los municipios vecinos a El Cerrejón la situación nutricional de niñas y niños menores de 5 años es crítica: 11.15% de desnutrición global o bajo peso, en comparación del 3.43% correspondiente al promedio nacional (PNUD, 2013).

Gobiernos progresistas

Lo anteriormente expuesto sirve como referencia para lograr entender las semejanzas y diferencias que hay entre los modelos de gobierno. Los gobiernos de izquierda latinoamericanos no son ajenos a las lógicas del macrosistema extractivo, pues en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia con gobiernos abiertamente progresistas, se desarrolla lo que se denominó “neo – extractivismo” que de igual forma, busca apropiarse de los bienes naturales para la exportación.

El punto que marca la diferencia entre un modelo y otro, es el papel que juega el Estado, pues mientras en el extractivismo clásico el Estado no juega un papel primordial, se dice que es un “Estado mínimo” o un “Estado pequeño”, que permite el libre accionar de las empresas extractivas, sin interrumpir, ni torpedear su dinámica de acumulación, en el neo - extractivismo el Estado juega un papel más activo, especialmente, en la captura de las macro ganancias generadas por estas actividades, esto con el fin de utilizar estos recursos en política social.

Para el caso venezolano, entre 2001 y 2014 PDVSA destinó 26080 millones de dólares para inversión social. Este rubro se centró en vivienda, alimentación, proyectos generados desde las comunidades, entre otros (4). Lo anterior puede verse de manera más clara en el incremento que ha experimentado el gasto público en el país, pues pasó de 0.9% en 1990 a 6.1% en 2012 según el SISOV, y tiene el índice de Gini más bajo de América Latina, este es igual a 0.3928(5).

Contrastando con esto, en los estados venezolanos donde se realiza explotación petrolera, los índices sociales no muestran mayores mejorías, por ejemplo, Estado de Zulia el porcentaje de NBI es de 32%, mientras el nacional es de 27% (INEI, 2014), en Anzoátegui el índice de pobreza extrema es del 11%, en Falcón es del 11.6%: a finales de 2013 la pobreza extrema en Apure, Monagas y Sucre superaba el 20%.

Para el caso de Ecuador, de acuerdo al Banco Central, por cada US$100 que ingresan al país, US$60 corresponden a la exportación de petróleo, sumado a esto, entre 1970 y el 2012 el promedio de IED fue de US$340 millones; en este mismo periodo de tiempo las exportaciones petroleras alcanzaron un monto total de $123.000 millones, esto muestra la importancia del sector para el país.

Se explican así las mejorías sociales para la población ecuatoriana (ver gráfica 2), a costa del extractivismo, debate actual para todos los movimientos que se proponen ser gobierno. De forma evidente han disminuido tanto las NBI como la pobreza medida por ingresos (gráfica 3), aunque las zonas rurales, donde se desarrollan las extracciones de bienes naturales siguen siendo más altas que el resto del país.


Gráfico 2. Ecuador, Pobreza por Necesidades Básica Insatisfechas (NBI)
Fuente: Ministerio Coordinador de Desarrollo Social

Gráfico 3.  Ecuador, Incidencia de pobreza de ingresos

Fuente: Ministerio Coordinador de Desarrollo Social

En el caso boliviano, Evo Morales busca fortalecer su proyecto político con lo que denominó extractivismo social centrando sus actividades en la extracción de gas, minerales y petróleo. Para el 2014 la IED en Bolivia fue de 1482 millones de dólares, de estos 1140 millones correspondían al sector extractivo, siendo el petróleo el sector de mayor inversión (BCB, 2015)

A pesar de los esfuerzos que ha hecho el gobierno boliviano, el país no es ajeno a los problemas sociales generados por la apropiación de los bienes naturales, y por ende los índices sociales tienden a estancarse. Así pues, aunque al igual que en otros gobiernos progresistas se registra disminución de la pobreza y la miseria, Bolivia a 2014 tenía dos millones de personas en extrema pobreza, seiscientas cuarenta y un mil personas en el sector urbano, y un millón trescientas mil en el sector rural.

Así pues, los Estados progresistas de América Latina aceptaron los principios fundamentales del neo-desarrollismo y los aplicaron a uno de sus principales proyectos de gobierno, aumentando la intervención del Estado en el sector de bienes primarios, aumentando su competitividad en el mercado mundial para ganar socios comerciales e intentando lograr cierto nivel de industrialización en sus países, en parte por las ganancias obtenidas por la bonanza del sector y por la transferencia tecnológica que han logrado obtener de las empresas extranjeras.

Para complementar, es importante entender que la caída de los precios coincide con el cierre del ciclo progresista latinoamericano, pues ante la disminución de los recursos provenientes de las actividades extractivas que financiaban las políticas sociales, es mucho más difícil legitimar las formas de gobernar. La disminución de los subsidios y programas sociales generan un ambiente propicio para la contraofensiva de la derecha latinoamericana. La dependencia del sector primario – exportador, que genera divisas para la política social termina siendo un bumerán contra los mismo gobiernos.

Aunque con las críticas necesarias que se les deban hacer, es imposible negar que estos gobiernos abrieron una puerta para los movimientos populares, y que dieron pistas en como actuar en el marco institucional, es imposible negar que lograron contener al capital y a imperialismo con sus políticas, pero la discusión de fondo sigue abierta, ¿cuál es la alternativa al desarrollo?  ¿cuál es la alternativa al extractivismo?

Para cerrar este texto, es clave comentar que no se puede pensar en que de un día para otro se lograrán cerrar todos los enclaves extractivos del planeta, el mundo necesita de cierto grado de extractivismo energético. Lo que es necesario  definir es cuánto, para qué, quién o quiénes lo harán y cómo; quizás en el momento que esto sea resuelto se le habrá ganado una gran batalla al capitalismo y al “desarrollo” que persigue.

Notas:

(1) Esta actividad puede comprenderse como la apropiación de grandes volúmenes de bienes comunes, generalmente sin valor agregado, centrada en la exportación y especulación financiera.

(2) Los datos del 2015, para el caso colombiano se obtuvieron de ProColombia y para México del banco Santander.

(3) Pobreza y Desigualdad. UNICEF México.

(4) Desarrollo Social, PDVSA. 2014.

(5) El gobierno venezolano destina 71,4% del ingreso nacional a la inversión social. NODAL. 2016