Pago por Servicios Ambientales PSA: otra falacia extractivista

Por: Freddy Díaz y Alejandra Porras. CEDINS

Los páramos son asociados principalmente a la producción de agua; sin embargo, éstos ecosistemas cumplen muchas más funciones, entre las que cabe resaltar su papel como retenedores y fijadores de carbono. Sumado a esto se destaca su belleza paisajística, dada por su vegetación nativa, sus lagunas y demás cuerpos de agua, además de la fauna que habita en él.

Estas características hacen que se considere al páramo como un ecosistema de vida, estableciendo una compleja relación con los pobladores de sus zonas de influencia, principalmente campesinos e indígenas, quienes terminan configurando su existencia y su diario vivir alrededor de éste.

La presión ejercida por el crecimiento de las zonas de actividades extractivas y de ganadería extensiva en todo el país ha provocado que los pequeños agricultores deban migrar hacia la zona de páramo para realizar sus actividades agropecuarias de sobrevivencia, generando fuertes impactos por los cambios en el uso del suelo, afectando la continuidad biológica, secando y vertiendo residuos en los cuerpos hídricos, perjudicando así el flujo  del recurso que alimenta los ríos y quebradas, sin olvidar la desterritorialización  de la fauna nativa.

Bajo estas circunstancias y a sabiendas de la importancia del ecosistema surge la imperiosa necesidad de proteger y preservar los páramos para la vida, en un discurso que ha sido apropiado tanto por entes gubernamentales como por empresas. Es así como surgen numerosos actores que se involucran para alcanzar dicho fin bajo la premisa del respeto por la naturaleza y sus dinámicas propias, bajo herramientas propuestas por el capitalismo verde y su idea de la acumulación económica basada en el aprovechamiento de los bienes naturales.

Un ejemplo claro de esto es el Pago por Servicios Ambientales -PSA- que en el papel se muestra como una herramienta para la protección y preservación de los recursos naturales.

En un primer momento es fundamental explicar de manera amplia que se entiende por Servicio Ambiental, la definición de PSA y su base legal en el país.

Los Servicios Ambientales se entienden como los beneficios que los ecosistemas proveen a los seres humanos (MEA 2005). Entre estos se destacan:
 

  • Purificación del agua y el aire.
  • Regulación de flujos hidrológicos.
  • Mantenimiento de la biodiversidad.
  • Belleza estética y riqueza del paisaje.
  • Generación, renovación y fertilidad de los suelos.


Ahora bien, los PSA de acuerdo a la Guía Metodológica para el Diseño e Implementación del Incentivo Económico de Pago por Servicios Ambientales -PSA- del Ministerio del Ambiente y el Desarrollo Sostenible MADS (2012), "son una clase de incentivo económico cuyo mecanismo gira en torno a un típico mercado (oferta Vs. demanda) en el cual los propietarios y poseedores de predios, donde se encuentran ubicados los ecosistemas naturales que suministran este tipo de servicios, reciben voluntariamente y en forma periódica un reconocimiento (en especie, dinero o mixto) por parte de algunos usuarios finales en razón al servicio individual o colectivo que les causa contar con su permanente provisión".

Lo anterior tiene su piso legal en el país de acuerdo a la ley 179 de 2011 el cual establece que las autoridades ambientales deben definir áreas prioritarias para compra de predios y aplicación de PSA,  de acuerdo con la reglamentación del MADS y conforme al Acuerdo 0953 del 2013, este especialmente referido al Pago por Servicio Ambiental Hidrológico- el cual promueve la protección y recuperación de las áreas de importancia estratégica para la conservación de recursos hídricos que surten de agua a los acueductos municipales, distritales y regionales, mediante la adquisición y mantenimiento de dichas áreas y la financiación de los Esquemas de Pago por Servicios Ambientales.

Este mecanismo se ha puesto en marcha en diferentes partes del mundo, bajo el argumento de que estos posibilitan obtener fondos para la conservación; pero tras su aplicación, los mayores impactos los han generado en los países del sur del globo, puesto que allí es dónde se han ejecutado la mayoría de estos proyectos a nivel mundial dado que en esta zona se encuentra la mayor cantidad de biodiversidad por metro cuadrado, lo cual la convierte en un área atractiva para esta clase de iniciativas.

Es así como gobiernos y empresas -en especial estas últimas-, apoyan y defienden los PSA por la necesidad de continuar con el modelo extractivista y aumentar sus ganancias a través de los ecosistemas; esto se puede resumir en lo planteado por Mantilla (2012) “la inversión en el campo no sólo pretende obtener ganancias en las regiones, además busca convertir en mercancías a los territorios y a los ecosistemas. La cuestión no radica simplemente en ganar dinero explotando lo territorios, también se buscan nuevas alternativas de inversión convirtiendo en mercancías los bienes comunes de los pueblos o poniéndole un precio a aquellos recursos que no deberían ser comprados o vendidos”.

Así pues, los páramos no escapan a estas lógicas del capitalismo verde, al integrar estos a un PSA se está comercializando su flora, su fauna, su capacidad para retener y almacenar agua, su significado cultural y de vida. Además del impacto que esto genera sobre la naturaleza y la vida misma de quienes habitan estas zonas o sus áreas de influencia, también repercute sobre los territorios y los derechos de propiedad que hay sobre estos; en lo concreto, estos territorios pasan a ser de quienes hacen la compensación, todo esto con el aval del Estado y su economía neoliberal aplicada a los recursos.

¿Cómo se le puede dar valor a la vida y a lo qué la garantiza?, ¿podría ser el PSA  un mecanismo blando para apropiarse de territorios pertenecientes a la nación, y de esta forma continuar con el acaparamiento de tierras?, ¿estos mecanismos más qué para compensar impactos en el ambiente se utilizan para privatizar bienes naturales?

Bajo ésta lógica de apropiarse de los bienes comunes y poner en riesgo la vida misma, surge la oportunidad y la imperiosa necesidad de fortalecer la defensa de los territorios desde la protección de los bienes naturales, especialmente del agua. Teniendo esto en cuenta, toma fuerza el discurso de autonomía y soberanía construido desde los pueblos, que busca construir los territorios de acuerdo a sus necesidades, la construcción de una territorialidad que defienda la vida, que propenda por la sustentabilidad del ambiente y que le aporte a la construcción de una verdadera convivencia desde las bases.

La discusión está abierta: o se le da la importancia vital a los ecosistemas, o sencillamente se toma una actitud pasiva y permisiva mientras se privatizan y entregan los recursos estratégicos a extranjeros para su usufructo propio.

Ahora más que nunca la letra de la famosa canción de calle 13 toma sentido, “tú no puedes comprar al viento, tú no puedes comprar al sol, tú no puedes comprar la lluvia, tú no puedes comprar el calor, tú no puedes comprar las nubes, tú no puedes comprar los colores, tú no puedes comprar mi alegría, tú no puedes comprar mis dolores”.

Así que, el momento es ahora, es el momento de empoderarse del territorio y sus bienes naturales, el momento de tomar acciones contra el despojo constante que sufre el país, es el momento de persistir en el ordenamiento propio de los territorios para satisfacer las necesidades de las comunidades, es el momento de continuar resistiendo y construyendo el país que queremos, es el momento de seguir soñando.