Colombia: TLC con Estados Unidos pone en riesgo la seguridad alimentaria

El TLC con Estados Unidos pone en riego la existencia de sectores agrarios, al tiempo que prevé una mayor dependencia hacia los víveres importados y una limitación en cuanto a la calidad de la dieta de los colombianos.

Así se desprende de un detallado análisis realizado por el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsán) de la Universidad Nacional de Colombia, en donde también se indica que la situación de avizora más crítica si se tiene en cuenta que en el campo el riesgo de desabastecimiento de alimentos ronda el 57,5%.

Según las profesoras Sara del Castillo y Marcela Gordillo Motato, el TLC encuentra al país con profundas brechas en este aspecto, algo que no fue prioridad para el actual Plan de Desarrollo, a pesar de las cifras oficiales difundidas desde 2011 y que corresponden a los resultados de la Encuesta de Nutrición en Colombia 2010 (Ensin).

Colombia cuenta con el documento Conpes 113 de 2008 y con el Decreto 2055 de 2009 del Ministerio de la Protección Social. El primero estableció la política nacional en esta materia. El segundo creó la Comisión Intersectorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Cisán). No obstante, el país aún no tiene definido un plan de seguridad alimentaria y nutricional (SAN), ni mucho menos uno de soberanía alimentaria, concuerdan en afirmar las expertas.

En el proceso de negociación, según Luis Jorge Garay —uno de los economistas más destacados del país— se dio una asimetría a favor de EE. UU., pues se logró que el 53,7% de las importaciones que hace esa nación a Colombia quedaran desgravadas inmediatamente y el 41,1%, después de un año, lo cual corresponde a un total del 94,8% de las exportaciones.

Esto significa que las exportaciones colombianas solo serán de 63.000 toneladas, mientras que las importaciones, de 4.629.000 toneladas. Esto representa un aumento de 191 millones de dólares contra 571, respectivamente (Banco de la República, 2006).

En cuanto al acceso a los alimentos, el pequeño y mediano agricultor o campesino será el más afectado. Al comparar los datos de la Ensin en 2005 y 2010, se evidencia un mayor riesgo para la población rural, con un porcentaje del 57,5%. Es decir, 14,8 puntos porcentuales por encima de la cifra nacional y 19,1 puntos de la de los hogares urbanos.

Además, se ve claramente que las cifras más altas coinciden con zonas en las cuales hay presencia de monocultivos, ganadería extensiva, explotación de recursos o siembra de agrocombustibles, entre otros factores. Este es el caso de departamentos como Nariño, Chocó y Sucre. Allí, se esperaría que este tipo de actividades repercutieran positivamente en la calidad de vida de sus habitantes, pero lo que se constata es una situación adversa y desfavorable.

Por ejemplo, en cuanto a la calidad de la alimentación de los colombianos, los indicadores regionales de SAN (como deficiencia de micronutrientes) son muy dicientes y se manifiestan de una manera dramática, especialmente en la anemia por deficiencia de hierro que padecen los niños y niñas menores de cinco años y cuyas cifras, con respecto al total de la población, son muy altas comparadas con las de otros países de Latinoamérica.

Se observa que cerca del 30% de este grupo poblacional tiene anemia en el país, pero la situación es más crítica en territorios como Amazonas (44%), Magdalena (35%), Tolima (35%), Meta (43%) y Nariño (40%), lo que evidencia una situación de emergencia nacional.

Como lo afirma Jean Ziegler, vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el libre comercio es bueno cuando se trata de economías “de un mismo nivel de desarrollo”. De lo contrario, se convierte “en un serio peligro para la SAN”, por la quiebra de los productores locales. La experiencia muestra que, cuando hay un TLC entre países con economías asimétricas, el hambre crece siempre en el país en desventaja, en este caso: Colombia.

Tomado de bilaterals.org