Las nuevas dinámicas de acumulación de capital y los impactos ante el mundo del trabajo

Por : Cristóbal Silva Gonzalez*

”.El capitalismo destruye las dos fuentes de riqueza: el hombre y la naturaleza. en ese sentido, el sistema neoliberal es un real genocidio, porque esta acabando con capas enteras de la sociedad humana y del entorno natutral”.

F. Houtard.

Introducción.

En los umbrales del siglo XXI, la humanidad se ha encontrado en la encrucijada que representa la crisis. Crisis ecológica, alimentaria, energética, hídrica, financiera, económica, política y civilizatoria del proyecto histórico capitalista. La historia ha demostrado, que la forma para intentar salir de dichas crisis el capitalismo hace uso de la fuerza, la represión, la liquidación de los derechos humanos. 

Uno de esos innumerables efectos de la crisis estructural del capitalismo, tiene que ver con la liquidación de los derechos fundamentales asociados al mundo del trabajo. En efecto, desde los años 80´s con el advenimiento de la teleinformática, la robótica, la microelectrónica se ha venido imponiendo en el mundo nuevas relaciones de producción asociadas al toyotismo. Este tipo de trabajo se arraiga en lo que algunos autores llaman la informatización de la producción, o concentración de la actividad económica en el llamado tercer sector de la economía: venta y compra de servicios, flujos financieros, especulación, etc.

 Este tipo de trabajo subsumido por la lógica y dinámica del capital se caracteriza por la desnaturalización de las antiguas prácticas laborales asociadas al modelo fordista. Pero es necesario afirmar como esta descentralización de la producción vincula entre sus dinámicas formas antiguas y clásicas de producción, dependiendo de los nichos culturales, que se convierten en ventajas comparativas para los inversionistas.

Se observa cómo como el desempleo estructural es otra de las consecuencias desencadenadas por la crisis, ya no son solo los bancos quienes quiebran sino también industrias como la General Motors, Caterpillar, Kodak, entre otros, y la opción tomado por los dueños de los medios de producción es liquidar su planta de trabajadores o el sometimiento de los mismos a novedosas formas de explotación laboral que se hace necesario comprender para la generación de alternativas colectivas-sociales.

 La clase que vive del trabajo juega un papel esencial para el surgimiento de un nuevo proyecto humanista, por ello se hace necesario, e imprescindible, la creación colectiva de nuevas formas de organización y lucha para contrarrestar no solo la producción de plusvalor en la explotación de la fuerza de trabajo, sino también de la liquidación y mercantilización de los bienes comunes de la naturaleza y los derechos colectivos sociales a vivir una vida digna.

 El proyecto histórico de la clase trabajadora no es, ni fue, el reformismo ni la reivindicación de la sociedad salarial, sino la construcción de un nuevo proyecto de civilización más allá del capital, y con ello, la superación de todas las estructuras de explotación y dominación presentes en el capitalismo.

Estas tesis quieren alentar el debate al interior de las organizaciones sindicales y de trabajadores y trabajadoras que hacemos parte del Congreso de los Pueblos, que nos dimos cita en la ciudad de Duitama, Boyacá durante los días 14 y 15 de marzo de 2015 con el fin de resignificar nuestro qué hacer como clase que vive del trabajo para la construcción de un verdadero futuro digno, a la altura de nuestros sueños, luchas y esperanzas. (Descargar PDF )

TESIS:

  1. El capitalismo corporativo-transnacional liquidó el pacto capital-trabajo. (Fin del modelo económico intervencionista y reformista). Durante los treinta años gloriosos del capitalismo (1945-1973) las condiciones materiales de los trabajadores mejoraron ostensiblemente, comparados con la situación socio-económico del siglo XIX. Producto de las luchas del movimiento obrero, que van desde las comunas de París y las huelgas por la jornada laboral de los tres ochos, llegando a las jornadas por el derecho al sufragio y a la organización se disputa políticamente la distribución de la riqueza y el ingreso, que se materializa en los Derechos sociales y colectivos, como la salud, la educación, la alimentación, la vivienda, la estabilidad laboral, la seguridad social, etc. El incentivo a la producción, el crecimiento de la economía real y el consumo de los bienes por medio de las relaciones contractuales salariales, permite una distribución de la riqueza que se refleja en la inversión social. Esta dinámica del capitalismo-reformista y social-demócrata, coopta, asimismo, a los trabajadores dentro de las coordenadas de un sindicalismo economicista y gremial que pierde su proyecto histórico revolucionario socialista.

  1. Crisis global del capitalismo. Fortalecimiento del proyecto neoliberal. Desde finales de los años 60`s el capitalismo ha entrado en una profunda crisis expresada en la caída de la tasa de ganancia, de la cual aun hoy no se ha podido recuperar. Como se sabe en los años 80´s el modelo Neoliberal se proclama en el “Consenso” de Washington. El capitalismo corporativo-transnacional busca apropiarse de los recursos y del capital social generado por el anterior modelo regulador. El capital social que son los derechos sociales y económicos, deben ser privatizados. Profundizándose lo que se conoce como despojo de los bienes colectivos. Proyecto que busca desmantelar el proteccionismo industrial y la soberanía económica, política, jurídica, ambiental de los países pobres. Se destruye la relación y la sociedad contractual, en la cual los sindicatos eran un componente social importante. Dicha destrucción se impone bajo los proyectos políticos de los gobiernos de ultraderecha, que utilizan el instrumento del Estado como dispositivo de control y disciplinamiento ante el descontento social por medio del terrorismo de Estado. No hay que olvidar que el modelo neoliberal, en su primera fase, fue impuesto bajo dictaduras militares, no solo en América latina, sino también en Asia y África. El estado legisla no para garantizar lo derechos de la sociedad sino en función del gran capital. La estrategia busca controlar y expoliar las dos fuentes primarias de riqueza: el trabajo y los bienes comunes de la naturaleza. El estado, se reconfigura como instrumento de dominación de clase, representado en nuestro país en una alianza entre la oligarquía tradicional, y sectores reaccionarios como los terratenientes, comerciantes, narcotraficantes, empresas transnacionales, paramilitares y funcionarios del Estado. La función del Estado se fortalece desde el dispositivo de fuerza policial y militar y el control ideológico mediático. Cualquier actor que deslegitime dicho poder desde la huelga y la movilización es estigmatizado y perseguido. El sindicalismo colombiano es un buen ejemplo, ya que es Colombia el país más peligroso del mundo para ejercer los derechos y libertades sindicales, que supuestamente están consagrados en la Constitución política de 1991. Para generar confianza inversionista el país se debe someter al recetario de ajuste del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Todo debe ser privatizado y se debe liquidar cualquier organización social y política que busque reivindicar derechos sociales y colectivos. El capitalismo mundial ha buscado concentrarse en el tercer sector de la economía que se proyecta en la venta de servicios y en el flujo del capital especulativo financiero, imponiéndose con ello la financiarización económica.

  1. Tercera revolución industrial. (La microelectrónica, la teleinformática, la robótica, intensificación de la rotación del capital. El modelo de acumulación flexible). La primera revolución industrial estuvo determinada por la utilización de la máquina de vapor y su uso en la producción y circulación de mercancías, la segunda revolución se asocio al uso de la electricidad y el petróleo y la tercera se asocia a las nuevas tecnologías que buscan intensificar y acortar la rotación del capital y la producción. En efecto, con la crisis del modelo fordista de producción y el fin del proyecto reformista del capitalismo se impone contra el mundo del trabajo un nuevo modelo de acumulación capitalista, que busca intensificar la sobreexplotación laboral por medio de la maquilización del tercer mundo y el desmantelamiento productivo del primer mundo por medio de la descentralización. Esta producción se concentra en la creación mercantil de lo simbólico, el tráfico y flujo de servicios y la especulación financiera. La producción de mercancías ya diseñadas y controladas desde la mediación simbólica publicitaria tiene ya asegurado a los consumidores que tienen a la vez un papel activo en el diseño de las mercancías. Esta acumulación flexible gestada y diseñada por las corporaciones producen mercancías en diferentes partes del mundo donde se ofrecen ventajas comparativas: mano de obra barata, recursos naturales a bajo precio, la inexistencia de la legislación ambiental y laboral, etc. Las consecuencias contra los trabajadores son evidentes: pérdida de puestos de trabajo, liquidación de la infraestructura productiva de los países del tercer mundo, fin de los derechos sociales y colectivos, mercantilización de los recursos naturales y de los derechos fundamentales de la población. Aumento del desempleo, presencia del esclavismo, se afirma que hoy más de 27 millones de esclavos en el mundo, que trabajan en las fábricas de la muerte. Mano de obra esclavizada de mujeres, niños y niñas; principalmente. Se observa, asimismo, la globalización de la pobreza, la miseria, la precarización laboral, que no es más que un trabajo sin acceso a derechos humanos fundamentales que acompañen a una vida digna.

  1. Colombia: la no conformación de un proyecto Nacional industrial y la no formación de un obrero industrial. En Colombia se asiste a una profunda crisis económica, de las instituciones políticas, del Estado y de la sociedad en su conjunto. El modelo económico en Colombia ha sido caracterizado como trasnacional, mafioso, financiero y terrateniente, responsable de la debacle de la sociedad colombiana. Colombia, ocupa el segundo deshonroso lugar, después de Brasil, siete veces más grande que Colombia, de ser el país más desigual de la región. Y primer país del mundo con mayor número de desplazados. Se suma, además, el fenómeno estructural de cómo las élites en Colombia han sido incapaces de desarrollar el estado-nación. Que en términos elementales tiene que ver con la consolidación de un mercado nacional, un desarrollo industrial, una reforma agraria y urbana que busque el despliegue de las fueras productivas, para la generación de una riqueza, que el Estado debe distribuir socialmente. Los pocos puestos de trabajo que se tenían en algunas industrias, se han perdido con la apertura económica, así como producto del desmantelamiento del estado. La economía informal se transformó por lo tanto en único lugar para la sobrevivencia de millones de colombianos que no encontraron otra forma de trabajo. Hoy se afirma, que en Colombia de algo más de veinte millones de personas que trabajan, solo están afiliados a sindicatos menos, de ocho cientos mil. Es decir de 100 trabajadores solo el 4% esta organizado sindicalmente, de los cuales el 75% de dichos trabajadores son del sector estatal. Los nuevos puestos de trabajo, sin garantías y derechos colectivos laborales, ofrecidos por el proyecto neoliberal se concentran en la agroindustria, en las minas, en la explotación petrolera, en la construcción de hidroeléctricas y en la construcción del mercado de viviendas, entre otros. Y las tasas de sindicalización en estos sectores son menores al 1%. Así mismo, se puede observar que el mercado laboral ofrecido en las grandes ciudades se concentra en servicios telecomunicativos, lo financieros y el comercio. Dichos trabajos, son inestables, polivalentes: se contrata por alguna función y se impone otras, sin reconocimiento remunerativo. Así como la precarización que condena a un gran contingente de trabajadores a vivir sin conciencia y exigibilidad de sus derechos. Los trabajadores de estos sectores según lagunas investigaciones, están condenados a un permanente movimiento en búsqueda de trabajo. Hoy no se pide trabajo, se mendiga trabajo. Los trabajadores y principalmente las trabajadoras, de la incipiente infraestructura industrial textilera que sobrevivió al neoliberalismo, se ven condenadas a la desregulación contractual y salarial, reproduciéndose el proyecto capitalista de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, conocido como maquiladora.

  1. Ofensiva desde el terrorismo de estado. La clase obrera de los años 20’s en respuesta al incipiente desarrollo industrial, a las dramáticas condiciones sociales, retó a las clases dominantes y a las élites terratenientes por medio de una ofensiva política-organizativa que pone en evidencia las contradicciones del desarrollo del capitalismo dependiente y sin proyección en la conformación de un Estado-Nación. Esta ofensiva organizativa de movilización, luchas y huelgas por parte de los obreros tienen como referencia la lucha global por las ocho horas, reivindicación reconocida ya por algunos estados y constituciones de la sociedad contemporánea. Derecho que en Colombia solo es reconocido en 1934. A finales del mes de noviembre y principios de diciembre de 1928 los trabajadores de United Fruit Company organizan una huelga para poner en discusión las relaciones contractuales con la empresa, pago en efectivo, reconocimiento de las ocho horas. La respuesta de la empresa y del ejército colombiano fue reprimir a sangre y fuego a los trabajadores. Dicho acto de barbarie se conoce como la masacre de las bananeras y fue denunciada por Jorge Eliécer Gaitán. Esta estrategia sigue siendo utilizada por el estado colombiano como forma de contención de las manifestaciones y reivindicaciones populares. Las constantes históricas de este genocidio sindical se manifiestan permanentemente en la historia del movimiento obrero. La masacre en 1963 contra los trabajadores cementeros de Santa Bárbara en Antioquia, la represión y luego implementación del estado de sitio contra las organizaciones y reivindicaciones de la clase trabajadora después del paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1973. Los años ochenta y noventa y el terrorismo de Estado y del para estado contra la Unión sindical obrera, Fecode y Fensuagro. Colombia, por ello, es el país del mundo más peligroso para ejercer las libertades y los derechos sindicales. Empresarios, medios de comunicación, fuerza armada y el mismo Estado, siempre han visto a los trabajadores sindicalizados como enemigos del desarrollo y del bienestar y siempre han justificado la represión y el exterminio contra la clase obrera.

  1. Ofensiva ideológica: el mito del fin de la historia y el fin de las ideologías. El neoliberalismo intentó colonizar las mentes y las organizaciones políticas como los sindicatos. Y con ello imponer una ideología totalitaria que se reduce al individualismo, a la mercantilización de la vida, a la resignación de “No hay alternativas”. Esta batalla ideológica penetró profundamente en las subjetividades y las organizaciones de los trabajadores. De ahí la pérdida de la vocación el poder político y la lucha. Algunos sindicatos reproducen a su enemigo de clase: el capitalismo, al interior de su dinámica sindical. El acomodamiento, la burocracia, el economicismo, entre otros, así como prácticas gamonales y corruptas dan cuenta que se ha perdido el horizonte ideológico de la clase trabajadora. El pensamiento y la acción crítica transformadora son tareas por reivindicar y reconstruir en las prácticas sindicales. Las luchas globales contra el modelo y la globalización neoliberal demostraron que es urgente y necesario construir otros mundos posibles, más allá del capital, y los trabajadores son determinantes en dicho proyecto.

  1. La dispersión política-organizativa de los trabajadores. El modelo reformista logró institucionalizar y cooptar al movimiento obrero bajo la figura del sindicalismo. En el caso de Colombia la clase gobernante se vio obligada a reconocer la existencia de derechos para los trabajadores. Especialmente desde la ley 83 y 129 de 1931 que reconoce al sujeto jurídico de los sindicatos. Los sindicatos se han visto permeados por la lógica y dinámica del estado burgués y producción capitalista, que ha neutralizado desde la cooptación institucional la praxis política y el proyecto histórico de la clase trabajadora. Se ha perdido, en efecto, la vocación política de lucha y transformadora de algunas organizaciones sindicales. Desde el economicismo, el capitalismo y el estado logró replegar a los trabajadores por medio de las reivindicaciones gremiales. Después de cooptado el mundo del trabajo representado y organizado desde los sindicatos, los trabajadores actuales se han encontrado con una de las mas cruentas ofensivas del capitalismo organizado globalmente contra los trabajadores tanto del campo como de la ciudad. Asimismo, se ve la incapacidad del sindicalismo para comprender las nuevas condiciones impuestas por el capitalismo contra los trabajadores que hoy NO están organizados El reto político que hoy es decisivo debe abordar entre otras preguntas: ¿Dónde están hoy los trabajadores? ¿Cómo organizarlos? ¿Cuales son las nuevas subjetividades generadas por el capitalismo? ¿Cual es el papel y los retos del los sindicatos? ¿Cuales son los retos políticos-organizativos del movimiento obrero? 

 * Investigador sobre las problemáticas del mundo del trabajo y el sindicalismo del CED-INS - Instituto nacional sindical y miembro de Colectivo Flora Tristán