El “nuevo providencialismo” y la “ideología” LGBTI, a propósito de la postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia de Rubén Jaramillo Vélez.

Por Andrés Idárraga Franco -CEDINS
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El título que a su ensayo le dio Ruben Jaramillo, “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia” para señalar la diacrónica construcción de la república en su economía y en sus ideas, es suficiente para traer hoy sus reflexiones a propósito del “escándalo” que han generado los lineamientos que buscan reducir, sino acabar, con la educación decimonónica, a propósito del matoneo, repulsión, exclusión, persecución a la población LGBTI, dirigido claramente por sectores de la ultraderecha y algunos otros de la iglesia católica; los cuales, han aprovechado el adoctrinamiento de la mayor parte del pueblo colombiano en la religión católica, apostólica y romana, en torno a la familia.

Hacia el año de 1811, según lo narra Rubén Jaramillo Vélez, se desplegó una de las primeras polémicas de importancia acerca de la orientación de la educación pública, los valores de la sociedad,la ideología, la idiosincrasia y la ética social, las motivaciones y el comportamiento de los ciudadanosmodernos.

Nos encontrábamos en el albor de la construcción de una Nación –que por desafortuna nunca llegó-, donde las ideas liberales utilitaristas de Bentham le quitaban terreno al providencialismo hegemónico del reino español. Nos recordaba Jaramillo Vélez que “…tanto Destut de Tracy como Bentham representaban la cultura burguesa, el sensualismo y el utilitarismo, una doctrina secular que intentaba fundamentar la acción de los hombres en sociedad sin acudir a una instancia trascendente o "metafísica…". La batalla de ideas mediaba en el horizonte de la construcción de un país llamado La Gran Colombia, lo cual resultaba fundamental para la definición en torno a la economía, la educación, la organización social y por supuesto, en torno a la organización del Estado. Liberarse del yugo español y en consecuencia, de su modelo de sociedad patriarcal, rural y teocéntrica, pasaba por considerar que no sólo existía una explicación idealista y religiosa del mundo, de la sociedad y de las relaciones humanas dentro de ella.

El utilitarismo elevaba el placer o la felicidad a unacategoría opuesta ala instalada por la sociedad hispánica. Los convertía en principios éticos fundamentales, representando en sus ideas a una clase media comerciante e industrial, pragmática y racionalista, que se enfrentaba con “los sentimientos nobiliarios de honor e hidalguía y con los religiosos de caridad y salvación ultraterrena que constituían el núcleo de la concepción española del mundo”.

El mismo criollo que expulsaba a los invasores españoles y que se reivindicaba como descendiente de ellos, en consecuencia, como legítimo gobernante o llamado a gobernar, por su sangre y su “conocimiento” (la doble conciencia criolla), en comparación con los esclavos, indígenas y campesinos, que por carecer de dicha nobleza, debían mantenerse al margen del gobierno, fue la capa social, la clase económica, que determinó el rumbo y contenido de los valores sociales en el recién nacido país, que hoy llamamos Colombia.

Décadas después, la puja por hacer prevalecer el gobierno criollo con los valores hispánicos no tardó en traducirse en una sociedad anacrónica, con orgullos de modernización y conciencia providencialista, producto de lo que el historiador Indalecio Liévano Aguirre optó por denominar de “incalificable infantilismo”, a propósito de los convencionalistas de Rio Negro. 

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