JULIO CORTÁZAR (1914-1984): El perseguidor de formas raras

Por: José Gabriel CruzPoeta y escritor. Educador popular, adscrito al Equipo Mundo del Trabajo de Cedins.

Adentrarse en la literatura del escritor argentino Julio Cortázar es llegar a un mundo de fantasía, misterio… y política. Cuando comencé a conocer su obra, en los años 80, no fue por sus novelas y menos por sus poemas, que algunos críticos califican de pésimos. Empecé por las entrevistas, artículos y ensayos, de manera salteada.

 

Fue así como pude darme cuenta de su visión del mundo y de la vida, así como de la posición que asumía frente a los hechos sociales y políticos del periodo histórico que comprende las décadas del 60 y el 70. En ese tiempo aceptó conceder una entrevista a la revista estadounidense LIFE, bajo la condición de que no se alterara ni una coma de lo que dijera. Los editores de la revista dijeron que sí, que claro, y Julio Cortázar, además de hablar de literatura, se soltó con una demoledora crítica contra la intervención militar del gobierno y el ejército estadounidense en Vietnam. La encopetada LIFE no tuvo más remedio que publicar la entrevista tal cual. Desde un principio dio a conocer su apoyo irrestricto a la Revolución cubana y unos años después estuvo presente en muchos actos públicos de la Revolución nicaragüense. Es célebre un texto suyo que se titula “Nicaragua violentamente tierna”.

Posteriormente me acerqué a sus cuentos, que revelaban profundidad y destreza, aunque en un principio no fueran comprensibles para la mayoría de lectores, incluido el suscrito. Entre ellos hay uno titulado “Reunión”, que ha sido estigmatizado por algunos críticos y acusado de “panfleto”, debido a que, a pesar de no mencionarse de manera explícita, los personajes principales son evidentemente el Che Guevara y Fidel Castro.

Como pasa con todos los grandes escritores, el conjunto de su obra es irregular. Aun así, es innegable que la mayor parte de su narrativa y en especial sus cuentos, producen una fascinación extraña y son un reto para cualquier inteligencia. Esto sin hablar de sus novelas, entre ellas la celebradísima Rayuela. Sus logros extraordinarios tal vez se deban a que nunca se dejó encasillar por ningún corsé teórico ni técnico. Todo lo contrario: se aventuró sin miedo y al parecer con una inmensa dicha por caminos intransitados y sorprendentes. Pienso que si no logró expresión poética poderosa con sus versos, en cambio sí lo alcanzó con esos raros artefactos en prosa que son sus cuentos: “Las babas del diablo”, “Continuidad de los parques”, “Axolotl”, “Carta a una señorita en París” “La noche boca arriba”, son en desorden algunas muestras centelleantes de esa producción que abarca una diversidad inaudita de temas, escenarios, épocas y personajes. Las tramas y situaciones que Cortázar escoge, parten de lo cotidiano y nos llevan tranquilamente por sueños y pesadillas en un caos metódico que esconde una historia detrás de la otra; o debajo; o adentro. En ocasiones, descubrimos una historia entretejida en la otra o en las otras. Es como si quisiera decirnos algo que no puede terminar de decir.

A Julio Cortázar no le dio miedo juntarse con “malas compañías”. Con su literatura y sus opiniones políticas se metió muy adentro de los procesos revolucionarios en marcha, con los riesgos obvios que esto supone para un escritor que se proyecta con fuerza y puede encontrarse obstáculos insalvables debido a esa actitud irreverente, audaz e “irresponsable”. No cabe duda que fue un revolucionario de las formas, un retador de los cánones y las tradiciones, a quien no le importó dedicarse a jugar con el lenguaje, poniendo patas arriba las estructuras convencionales. Fue un trabajador serio y a la vez divertido, sin pretensiones de sabio. Si después lo enredaron con el “Boom” literario y comercial que pretendía lanzar al estrellato a un grupo de escritores latinoamericanos entre quienes estaba él, no fue su culpa.