Homenaje a Catalino “Tite” Curet Alonso

“Tu amor es un periódico de ayer, que nadie ya procura ya leer, sensacional cuando salió en la madrugada y en la tarde materia olvidada, tu amor es un periódico de ayer…” ¿Qué amante de la música afro-cubana no recuerda este verso?, ¿Qué amante de la salsa no ha disfrutado con los pregones de canciones épicas como “Periódico de ayer” y “Juanito Alimaña” del gran Héctor Lavoe, “Anacaona” de Cheo Feliciano o “Las caras lindas” de Ismael Rivera?

Canciones como éstas revistieron el fulgor del boom de la salsa en los comienzos de los años setentas y actualmente siguen sonando en las emisoras y en los bares, representando fragmentos de la historia sonora del pueblo latinoamericano. Sin embargo, ¿quién recuerda el compositor de estas canciones clásicas? Seguramente solo algunos conocedores de la música afro-cubana reconocen el nombre de Catalino “Tite” Curet Alonso, mejor conocido como el “Tite” o el “Tite Curet”, uno de los más grandes compositores en la historia de la música latina y responsable del éxito y la recordación de éxitos memorables en las carreras de grandes músicos y soneros como Rubén Blades, Héctor Lavoe, Willie Colón, Cheo Feliciano, Ismael Rivera, Ray Barreto, Celia Cruz, entre muchos otros. Este texto representa un homenaje al gran Tite Curet y en general representa un homenaje a los compositores, creadores y arquitectos detrás del éxito de los grandes artistas. Desafortunadamente, en muchos casos los compositores permanecen en las sombras y en el anonimato, detrás de las imágenes mediáticas de los cantantes famosos, sin recibir el reconocimiento y el crédito que se merecen. Es triste como en muchos casos los músicos, arreglistas y compositores, responsables directos del éxito de las producciones de los cantantes y músicos famosos, permanecen como muebles y absolutos desconocidos, detrás de las imágenes de los iconos de farándula.

El Tite, como menciona Aurora Flores en la leyenda del disco compilatorio de Fania Records Tite Curet  Alonso - Alma de poeta: “Puso su sello personal en una época revolucionaria para la música latina. El nombre de Curet aparecía por todos lados, dándoles prestigio a algunos de los artistas latinos más importantes de las décadas del ´60, ´70, ´80 y ´90. Fue el compositor más buscado de toda la música tropical, sus canciones eran éxitos garantizados y hoy son reconocidas como clásicos”. En palabras de Rubén Blades haciendo alusión a sus servicios como compositor, “había que sacar número y hacer fila para esperar”. Este gran creador es reconocido por músicos y expertos como uno de los mejores compositores de la música latina. En vida y de manera póstuma su obra ha sido resaltada por melómanos y artistas. En palabras pronunciadas en 1995 en el Poliedro de Caracas el propio Rubén Blades cataloga a Tite como “uno de los mejores compositores del Caribe, si no el mejor…”, cuando Tite acompañó en el coro la interpretación en vivo de “Plantación adentro”, una de sus composiciones. En repetidas ocasiones dentro de las interpretaciones de sus canciones los cantantes saludan o citan al Tite. En la canción “Isadora” interpetada por Celia Cruz, en uno de los pregonas la guarachera de Cuba pronuncia: “Este homenaje sencillo a lo que su arte fue, se lo brinda con cariño ese gran Tite Curet, Tite Curet”.

Este prolífico compositor escribió más de 2.000 canciones, las cuales no solo se limitaron a la música afro-cubana, sino en cambio traspasaron fronteras geográficas y musicales llegando a las voces de cantantes en México, Argentina, Venezuela, Paraguay, España y Brasil. 115 de sus composiciones fueron éxitos, y algunas llegaron a cine: “La Tirana” hizo parte de la película “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, “Salí porque salí” hizo parte de “Bad Habits” y “La esencia del guaguancó” hizo parte de “El Padrino II”. Oriundo de Guayama, Puerto Rico, hijo de una modista y de un músico y profesor de español, pasó su infancia en el barrio obrero de San Juan, en cuyas calles de resistencia proletaria se dio origen a algunos de los músicos más importantes de Puerto Rico.

Estudió para ser farmacéutico pero se inclinó por el periodismo inspirado por su tío Armando Alonso, poeta y periodista dueño de una imprenta. Escribió para periódicos y revistas, fue conductor de programas radiales, escribió guiones para teatro y televisión y también escribió canciones infantiles. En su adultez estudió música, lo que le permitió mayor versatilidad en su composición, complementando su creatividad innata con conocimientos teóricos. Tuvo la virtud de estudiar las características vocales de los cantantes que le pedían canciones, lo que le permitió individualizar sus composiciones según las características de cada cantante. Trabajó casi toda su vida para la oficina de correos de los Estados Unidos y es de notar que nunca necesitó de la música para sobrevivir, ni siquiera en la cima de su popularidad, de lo cual se sentía orgulloso. Fue testigo de los cambios sociales y civiles de los años sesentas y setentas, fenómenos que influenciarían sus composiciones. Falleció en 2003 a los 77 años en los Estados Unidos. Fue velado como un héroe nacional por el instituto de cultura Puertorriqueña. Rubén Blades suspendió una gira en curso para asistir a su funeral y Cheo Feliciano estuvo también allí para cargar su féretro.

El Tite no solo sobresalió como un gran compositor, además fue un narrador de los acontecimientos de su tiempo. Menciona el propio Tite en una entrevista realizada en 1995 por Norma Salazar: “El autor es responsable a su época. Tiene que afrontar las situaciones que lo rodean; si no lo dice, en mi opinión es irresponsable”.  Sus líricas están llenas de poesía, crónica, reflexión y biografía, además de encontrarse revestidas con un profundo sentido social. Son también una voz de protesta contra la injusticia y el racismo y una oportunidad de reflexión alrededor de la pobreza, el romance y el desamor. Sus canciones son una voz y un mensaje insigne para el pueblo latinoamericano incitando a la unidad y a la identidad alrededor de nuestras raíces; relatan las realidades, angustias y retratos de un pueblo sufrido y marginado pero alumbrado con la luz de la rumba, la salsa y el sabor. Relata el Tite en la canción “Pueblo latino” de Pete “El Conde” Rodríguez: “Pueblo latino, de cualquier ciudad. Ha llegado la hora de la unidad, ha sonado la hora del estrechón de manos, como protección, como protección”. Termina la canción con la reflexión en la voz del Conde: “O nos unimos, o nos lleva la miseria”.

Canciones como “Anacaona” y “Plantación adentro” hacen alusión a hechos de importancia histórica para América Latina, protestando contra la injusticia y la represión. “Anacaona, india de raza cautiva, Anacaona, de la región primitiva. Esa negra que es de raza noble y abatida, pero que fue valentona ¡Anacaona!”, canta Cheo Feliciano en algunos de los fragmentos de la famosa canción “Anacaona”. En esta canción el Tite hace alusión a la aborigen Taína Anacaona, quien gobernó el Cacicazgo de Jaragua, combatiendo y luchando contra los abusos de los españoles en la isla La Española. Anacaona se distinguió por su belleza, inteligencia y talento para la poesía. Fue condenada a la horca en 1504 por el gobernador Nicolás de Obando. Relata la canción: “India que muere llorando, muere pero no perdona, no perdona no. La tribu entera la llora porque fue buena negrona. Y recordando lo que pasó, la tribu ya se enfogona”. La canción “Plantación adentro” de Rubén Blades y Willie Colón, relata la historia de un indígena que fallece a causa de los abusos del mayoral: “Es el año 1745, en América Latina el indio trabaja en las plantaciones bajo el palo implacable del mayoral”. Dice uno de los pregones en la voz de Blades: “Camilo Manrique falleció, por golpes que daba el mayoral y fue sepultado sin llorar, una cruz de palo y nada más”.

El Tite tenía un gran don para contar historias, las cuales en algunos casos tenían un carácter biográfico y en otros casos escondían con ironía y astucia reflexiones sobre fenómenos y turbulencias sociales. “Juanito Alimaña” de Héctor Lavoe, es una historia que describe la vida en el barrio, el cotidiano urbano que afrontaba el latino en Puerto Rico y Nueva York: “La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes cómo no, ya no hay quien salga loco de contento, donde quiera te espera lo peor”, identificando con el caso de Juanito los fenómenos de los barrios latinos marginados: “Juanito Alimaña, si tiene maña es malicia viva y siempre se alinea con el que está arriba y aunque a medio mundo le robó su plata, todos lo comentan, nadie lo delata”. La canción “Galera tres” de Ismael Miranda es una crítica a la injustica detrás del sistema judicial y una protesta contra la violencia en las cárceles: “En la injusticia, de la justicia, es el martirio del ser humano, es corrección lo que necesitan y lo atropellan de palo en mano. Están dando palos, golpes, bofetones, puños y empujones, allá en la galera tres”. La canción “Isadora Duncan” interpretada por Celia Cruz es un homenaje biográfico a la bailarina estadounidense, quien es considerada por muchos como la creadora de la danza moderna. Esta bailarina se caracterizó por un estilo libre e innovador en su improvisación y por una vida personal repleta de tragedias y escándalos. Canta Celia: “Cuando bailó, se liberó tal vez, auténtico fue el mensaje de Isadora, en cada amor una pasión vivió y a nadie se encadenaba a Isadora. El arte que dominó cual llama de su placer, el mundo entero animado ovacionó”.

También abordó de manera crítica temas sociales como la pobreza, el racismo y la dignidad nacionalista africana. Canta el sonero mayor Ismael Rivera en su canción emblemática “Las caras lindas”: “Las caras lindas de mi raza prieta, tienen de llanto de pena y dolor, son las verdades que la vida reta pero que llevan dentro mucho amor”. Esta canción exalta el sufrimiento pero también la hermosura y las virtudes de la raza negra: “Las caras lindas, las caras lindas, las caras lindas de mi gente negra. Tienen de llanto, mucha melodía, tienen belleza y también tienen poesía”. La canción “La abolición” de Pete “El Conde” Rodríguez empieza así: “Con un gran esperanza hace tiempo que llegó, este coro de alabanza: la abolición, la abolición, pero todavía, el negro camina, buscando la meta que no se avecina, levanta bandera y cruza fronteras, su lucha que es fuerte y no tiene suerte”, relatando que la declaración de la abolición de la esclavitud no ha podido ser disfrutada por la raza negra, ya que su libertad verdadera nunca llegó.

El Tite también compuso temas alegres, himnos a la alegría y la rumba como son el “Eco de un tambor” de Andy Montañez, “La esencia del guaguancó” de Pete “El Conde” Rodríguez o “El primer montuno” de Andy Harlow. Por otro lado, compuso canciones con inspiración religiosa, haciendo alusión a la influencia de las creencias Africanas en el Caribe, entre ellas se destacan “Tengo el Idde” de Celia Cruz y la potente canción “El hijo de Obatalá” de Ray Barreto, la cual dice así: “Dime todos los sabores del África primitiva, pero dímelo en tambores, porque el tambor fue mi vida. Si mi quieres como hermano pon tu mano en el tambor, que el hijo de Obatalá ya se contentó”.

Tal vez el tema que más nos hace recordar la obra del Tite es el del romance y sus matices, tema que abordó de manera virtuosa a través de las grandes composiciones que invocan el sentimiento y las metáforas del amor y el adiós; a veces sombrías, a veces nostálgicas, a veces resquebrajadas, pero siempre sin duda, virtuosas. Su madre fue modista, pero siempre luchó por los derechos de la mujer. La visión de su madre le permitió escribir canciones diseñadas para voces femeninas, adoptando desde la composición el rol y la visión de la mujer. En esta línea se destaca la canción “La Tirana”, la cual fue un éxito y permitió revitalizar la carrera musical de la cantante La Lupe. La mayoría de sus éxitos románticos, abordan el tema del desamor y las rupturas a través de matices agrios y nostálgicos. “Y para qué leer, un periódico de ayer”, dice el coro de la famosa canción “Periódico de ayer”, uno de los éxitos más recordadas del periodo solista de Héctor Lavoe. La canción “Guaguancó del Adiós” interpretada por la orquesta del grandioso percusionista Puertorriqueño Roberto Roena, abre así: “Con lágrimas no se curan heridas, opino que no se debe de llorar, la mente que no se dé por destruida, nació para legislar, para pensar. Si yo sé quién eres tú, tú no sabes quién soy yo, yo soy una voz que te llamó porque te amo, tú fuiste el silencio criminal, yo te vi pasar, miré tu adiós, juré callar, fue mi alma la que te nombró”.

Posteriormente da paso al coro el cual refuerza el ardor a través de los pregones: “Te digo no, no, no, ya no te puedo querer, si eres mala y traicionera que te lleve Lucifer. “Marejada Feliz”, también de Roena es otro de sus éxitos, recordada por su letra desgarradora y los arreglos de instrumentos de viento que refuerzan la nostalgia de la composición: “Potente cual marejada fue su amor, la playa de mi cariño la arrasó, en mí fue tan dolorosa que es mi vida, llorar por aquella triste despedida”. Recientemente la fabulosa orquesta Bogotana la 33 realizó una versión de esta canción para rendirle homenaje a la obra del Tite. No todo era desamor, canciones como “Las mujeres son de azúcar”, de la Sonora Ponceña relatan con picardía la alegría del romance: “De azúcar son las mujeres y a nadie le amarga un dulce, no falta que yo me impulse al amor y sus placeres. Una mujer vale más, vale más que el pan de cada día, son ternura y alegría aunque te roben la paz”.

Este texto representa una invitación para explorar la obra de este magnífico compositor y también una invitación para ir más allá de los coros de las canciones y las imágenes de los cantantes famosos para indagar y explorar sobre los creadores de las letras y la música. Los compositores y arreglistas no deberían permanecer tras bastidores, en un pseudo-anonimato producto de los medios, ocultos detrás de los rostros y las imágenes publicitarias de los famosos. Este escrito es entonces un homenaje a Catalino “Tite” Curet Alonso, poeta, creador y narrador de la expresión caribeña y en consonancia es un homenaje a todos los compositores que con su genialidad marcan la ruta de la música, una expresión artística con la virtud de exaltar los sentidos y engrandecer la evocación.